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Cuando La Economía de Cuba empezó a Decaer En 1919 la producción de azúcar llegó a su máximo nivel. El año 1920 fue llamado año de la Danza de los millones, pero, lamentablemente, la economía azucarera de Cuba cayó por el descenso de los precios del azúcar. De febrero a junio el precio del azúcar subió por día. El 18 de febrero era de 9 1/8 centavos de dólar la libra; para el 12 de mayo alcanzó los 22.5 centavos. Sin embargo, este periodo de bonanza del azúcar duró poco tiempo y en junio del mismo año el precio comenzó a bajar hasta llegar a 3.75 en diciembre (Thomas, 1971, 53). El gobierno cubano decretó el 10 de octubre 1920, un año de moratoria bancaria que duraría hasta el 3 de enero de 1921. Solamente las empresas americanas con suficiente capital pudieron sobrevivir. Los bancos confiscaron muchas propiedades de empresas cubanas que se declararon en quiebra y, así, la economía cubana pasó a depender de instituciones financieras norteamericanas. En 1921, numerosas propiedades cubanas fueron traspasadas a manos norteamericanas. La economía del azúcar de Cuba dependía de un solo mercado y éste quedó bajo las imposiciones de la economía norteamericana. El mercado azucarero fue asumido por los países europeos, productores tradicionales de azúcar. El empobrecimiento en la población cubana se hizo notar de inmediato. Fue justamente en 1920 cuando Cuba tuvo la mayor cantidad de emigrantes: 174.000 personas (Moreno Fraginals, 1983, 10l). En los relatos del encargado de los distritos 4 y 5 vemos que todavía en los meses de agosto y septiembre de 1920 la gente quería salir a Cuba, animada por los hombres que regresaron a Curazao y que después salieron de nuevo a Cuba. Entonces, los hombres no habían comprendido bien la crisis en Cuba. Ya en abril de 1921, el jefe del distrito de los campos escribió en su relato que los obreros estaban regresando de Cuba, ya que allá la situación empeoraba y que, de todos modos, no había trabajo en Curazao.(71) Sólo el 8 de septiembre de 1921, el gobierno colonial reportó que la situación en Cuba estaba cambiando y los hombres se volvieron sin dinero y muy desamparados (Paula, 1973, 44). Los hombres entrevistados contaron que fueron pagados con vales que sólo se podían usar en las colonias donde trabajaban, lo que acentuaba la dependencia de los colonos. Algunos habían trabajado y no habían recibido ni siquiera pago por ello. Las peticiones para que los emigrantes dejaran Cuba se hicieron más y más. La protesta para que el gobierno colonial holandés prestara su ayuda fue el tema de una carta abierta y escrita en holandés, publicada en el periódico Amigoe de Curazao, el 8 de octubre de 1921. Esta carta estaba dirigida al gobernador de Curazao y provenía de la central Delicias. La misiva |
• Fuentes Consultadas • Notas • Resumen
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mencionaba el hecho de que, al no haber trabajo, algunos
de los emigrantes holandeses no tenían dinero para pagar su regreso,
además, por la falta de alimentación y vivienda, la mayoría se encontraban
enfermos y débiles. Los que disponían de 20 dólares tenían que ofrecerlos
al capitán del barco, quien no quería transportarlos por 10 dólares.(72)
La desesperación que deja entrever esta comunicación es un signo de la
situación en que se encontraban todos los emigrantes trabajadores en
Cuba, incluyendo a los holandeses. En 1926, la cantidad de curazoleños que regresó aumentó. Cada dos meses uno podía leer en los periódicos que había llegado gente de Cuba; a veces hombres, mujeres y niños. Para el regreso a Curazao el transporte era un problema grave. Ya durante el tiempo de bonanza de Cuba, volver se convirtió en un problema, porque no siempre se cumplía con lo estipulado al respecto en los contratos. La economía cubana enfrentaba crecientes dificultades y el problema del transporte se agudizó. Hubo una discusión sobre quién debía ser responsable del regreso de los emigrantes. No estaba claro si debía ser el gobierno holandés o las compañías azucareras en Cuba, que se habían comprometido con el regreso. El gobierno colonial de Holanda estaba dispuesto a ayudar a los obreros sólo si no había colaboración por parte de la compañía o de las autoridades cubanas para la repatriación (Paula, 1973, 54). Esto fue garantizado por la ley en Cuba, mediante el decreto número 1158 del 17 de junio de 1921, en que el gobierno cubano se comprometía a reembarcar a los emigrantes desde los puertos de Santiago de Cuba, Manzanillo, Guantánamo, Antilla, Nuevitas y Puerto Padre (Zanetti y García, 1976, 216). Irónicamente, el decreto núm. 1404, del 20 de junio del mismo año, exoneró a las empresas de su obligación de repatriar a los emigrantes; el Estado correría con los gastos. Entonces, forzaron a los haitianos y jamaicanos a abandonar el trabajo y sus pertenencias y los que se resistieron corrieron el riesgo de ser asesinados.(73) Según Paula, de nuevo aquí hicieron negocio con el dolor de la gente. El gran número de peticiones para transportar a los trabajadores desde Cuba provenía principalmente de comerciantes y dueños de barcos. La compensación que recibían del gobierno era más conveniente que el pago que hacían los propios trabajadores. Del gobierno podían esperar una suma fija, aunque transportaran menos pasajeros y además era factible cobrar al gobierno una suma más alta por cada pasajero (Paula, 1973, 45). En 1925, cuando las noticias de que la situación de los curazoleños era muy alarmante llegaron al país, el gobierno prestó más atención a los emigrantes en Cuba.(74) Sin embargo, esta atención fue breve ya que, en 1930, el administrador en Finanzas argumentó que, cuando los hombres salieron a Cuba no habían pedido la ayuda del gobierno, por lo que no se debía pagar su regreso con dinero de la hacienda pública.(75) En 1925, la compañía Isla, en Curazao, necesitaba trabajadores (Paula, 1973, 46), y estaba dispuesta a buscar a quienes se habían ido a Cuba y garantizarles trabajo, por lo menos durante seis meses, si resultaba bien. En julio de este año, el gobierno mandó un oficial a Cuba para arreglar la repatriación de los hombres de la colonia holandesa (Paula, 1973, 58). Sin embargo, el entusiasmo por parte de los curazoleños para regresar a su isla no era siempre grande, a pesar de los esfuerzos que estaba haciendo el gobierno. Esto fue criticado en La Unión el 10 de septiembre de 1925: Hace algunos meses, se propagó aquí la noticia sobre la triste situación de los curazoleños en Cuba. Un día, la tierra prometida a la que fueron muchos de nuestros hombres, que por falta de trabajo tenían que pasar aquí miseria, cambió por completo, de modo que nuestros hijos apenas ganaban para comer y poder vivir. Cada vez llegan cartas desde Cuba, en las que nuestros hijos dicen con llanto cuánto gusto tendrían en volver a su tierra y estar con su familia. El gobierno ha sentido en su corazón este problema y ha estudiado la manera de poder volverlos a traer de regreso. Ha enviado al señor Lindoro Kwartsz, un hombre competente, apreciado y respetado por todos, para que arregle este asunto. Él se fue abrigando la firme esperanza de que todos desearían volver, y también con la esperanza de que pronto enviaría noticias. Todo está arreglado, los trabajadores están listos para ser repatriados, se envía un barco para que los recoja, y ¿qué ha resultado? Según las noticias recibidas de parte del señor Kwartsz, de mil y tantos trabajadores holandeses en Cuba, solamente veinte y cinco han venido a inscribir su nombre para volver. Veinte y cinco, y nadie más. ¿No es eso acaso una cosa bastante triste? ¿Es tan poco el amor que tienen para su tierra? ¿Es tan poco el amor que sienten por sus familias, que después de tantos años de separación, y cuando el mismo gobierno les quiere traer de regreso, ellos prefieren seguir viviendo su vida de libertad allá? En realidad, es muy triste el sentimiento de esos trabajadores que aprecian tan poco lo que el gobierno quiere hacer por ellos, después que se han quejado tanto diciendo que el gobierno no hace nada por ellos. Gracias a Dios que ha venido otra noticia mejor. Después que el señor Kwartsz habló con los trabajadores holandeses, en diferentes partes de Cuba, logró encontrar a unos doscientos y tantos que desean volver a su patria. Ya el barco "Ave María" salió de Aruba para ir a buscarlos, de tal manera que esperamos que dentro de dos a tres semanas esté aquí con unos doscientos trabajadores.(76) Los hombres que se quedaron en Cuba por largo tiempo tuvieron diferentes motivos para hacerlo, y así lo manifestaron. El "orgullo" de no aceptar limosna del gobierno fue también mencionado como un factor para tal decisión. Así, Pedro se quedó en Cuba hasta la década de 1950 y nos contó las causas: Era el año 1938 y vinieron a buscarme para ver si quería regresar, en ese entonces yo estaba en Gayorca, pero les dije: "Yo no puedo ir porque no tengo ni siquiera trabajo". Me dijeron que ya no iban a mandar más barcos, pero no podía hacer nada, porque yo no podía ir, ya que no tenía nada y no ganaba nada. Yo no podía regresar para ser una carga para mi familia y depender de ellos. Me quedé mucho tiempo así.(77) Pedro hizo su propio esfuerzo; trabajó y, finalmente, regresó a Curazao en 1959. Tokaay tampoco quería regresar a Curazao. Decía que en Cuba, a pesar de todo, se sentía bien, aunque era una persona de color. Al acercarnos a la situación de los negros en Cuba y, al escuchar sus relatos, podemos considerar que la experiencia vivida por Tokaay es una crítica severa a la discriminación racial y económica que, muchas veces de manera ilógica, se vive en Curazao: Cuando te hallas en Cuba, casi no tienes ganas de volver. En Cuba te tratan bien. Puedes hablar bien con la gente. No hay menosprecio. Allá no tienen en cuenta que la gente es de color. Puedes ser negro como el carbón pero no les importa y te tratan bien. Aquí en Curazao, si no tienes dinero te hacen a un lado. Allá todos son lo mismo. Así era cuando yo estaba allá y yo mismo no tenía ganas de regresar. Un hermano con el que fui allá, escuchó que un barco estaba llevando a doscientas cincuenta personas y no podía cargar más; los demás debían esperar por otro barco. Para que yo pudiera regresar mi hermano mintió diciendo que mi ropa estaba en su maleta y así vinimos doscientos cincuenta y uno. Regresé solamente por eso, si no me hubiera quedado porque Cuba está bien. Hay muchos curazoleños que dicen que no quieren pensar en volver aquí.(78) Sin embargo, los que querían regresar no podían hacer uso de la repatriación o no habían ahorrado lo suficiente para volver a Curazao, cuando la situación en Cuba empezó a cambiar. Junto con otros miles de jamaicanos y haitianos, muchos holandeses se quedaron atrapados en Cuba bajo condiciones económicas desfavorables. |
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