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¡En Cuba Hay un Río de Oro! (52) En la sección anterior, hemos descrito las condiciones económicas y políticas que definieron la situación social de los emigrantes curazoleños en Cuba. Aquí nos referiremos a algunas cartas enviadas por aquel tiempo a Curazao y que describían la situación social de los curazoleños en la isla de Cuba. Estas comunicaciones ofrecen, en ocasiones, una clara impresión sobre la decepción de los hombres en Cuba, en virtud de que muchas promesas hechas, que constituyeron el mayor impulso para marcharse a Cuba, no fueron cumplidas (Paula, 1973, 33). Con sumo optimismo, los primeros emigrantes que salieron de Curazao en diciembre de 1917 informaron a la comunidad sobre su llegada a Cuba mediante una carta dirigida al periódico La Cruz. La carta reflejaba un entusiasmo sin límites; publicada íntegramente dice: Reverendo Director Después de mi saludo y el de mi paisano que me acompaña, tengo el honor de escribir esta carta en nombre de todos los trabajadores que han venido a Cuba. Queremos poner en conocimiento de sus familiares que la compañía nos recibió muy bien y nos han dado un buen trato, un buen lugar para dormir, para hospedarnos y buena paga. Consecuentemente, nosotros no podemos exigir más. Aquí hay mucha gente que quiere trabajar y puede ganar hasta cuatro dólares diarios sin esforzarse mucho. El clima de aquí es muy fresco, el aire es limpio y no hay animales feroces, ninguna clase de animales dañinos; calentura tampoco hemos sentido hasta ahora. Pues, la mamá y los hermanos de los trabajadores pueden quedarse tranquilos, esperar plata de sus hijos, esposos y hermanos, porque la compañía procura enviar plata para la familia y aquí tenemos crédito para lo que necesiten. Aquí firman algunos de cada sección.(53) Exactamente en marzo de 1918 empezaron a criticar la situación en Cuba. El procurador general, Gorsira, recibió una carta anónima de fecha 14 de marzo de 1918 en la cual se denunciaba la inhumana situación que se vivía en Cuba. Aquí saludamos al señor y ponemos en su conocimiento que los curazoleños que estamos en Cuba, que fuimos traídos a Chaparra, pasamos malos tratos y lo que ganamos no nos alcanza ni para comer, y mucho menos pagar lo que debemos. No estamos todos en Chaparra tampoco. Nos dividieron y nos mandaron a diferentes colonias de Cuba. En las colonias lo tenemos muy difícil, nos golpean con la hoja del machete y nos tenemos que levantar a las dos de la mañana para cargar carretillas grandes de caña. La casa donde vivimos hace que nos enfermemos, porque está completamente abierta y el piso es de pura tierra llena de niguas. Todo es muy diferente de lo que nos |
• Fuentes Consultadas • Notas • Resumen
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| dijeron en Curazao, todo es un engaño, no es verdad. Señor, hemos oído que
se escribió en el periódico de Curazao que ganamos cuatro fuertes, es la
mentira más grande que puede haber. Así es. Nos engañaron. Señor, los
curazoleños que vinieron por segunda vez fueron tratados como perros y no
les fue permitido unirse con nosotros porque en el mismo momento en que
llegaron fueron llevados a diferentes colonias y amenazados con
dispararles
con revólver. Los cubanos mismos dicen que cómo es posible que el gobierno
de Curazao haya dejado venir a tantos curazoleños a pasar mala vida en un
país extranjero. Señor, esperamos que usted pueda hacer algo por nosotros.
Ojalá no rechace nuestra carta. Señor, considere lo dicho en esta carta
como
dicho personalmente a Usted. Por ahora nos despedimos y le agradecemos.
Los curazoleños que estamos aquí en Cuba
Señor, por falta de remedios murió un curazoleño llamado Constan
Koeiman.(54) Al contrario de lo expresado en la primera carta desde Cuba (del 19 de diciembre de 1917), la carta del 14 de marzo de 1918 refleja una gran decepción. Se mencionan diferentes reclamos como el bajo salario, la vivienda en malas condiciones, la falta de cuidado médico y otros tratos inhumanos que los curazoleños recibieron en Cuba. Constan Koeiman, la persona mencionada murió por falta de cuidados médicos, pertenecía al primer grupo de emigrantes a Cuba (1917) y apareció como el número 83 en el primer contrato firmado el 28 de noviembre de 1917. Esta carta fue una prueba en contra de la primera que, realmente, no estaba basada en hechos concretos y era más bien un elogio de lo que se esperaba encontrar en Cuba. Debemos subrayar que los reclamos se amplían en las próximas historias narradas por los emigrantes. J. B. Gorsira mandó al gobernador la traducción al holandés de la carta, acompañándola con una comunicación fechada el 10 de abril de 1918 en la que alertó al gobierno para que prestara mayor atención a la situación de los curazoleños en Cuba. También instó al gobernador a buscar información del cónsul de Holanda en Cuba, con el objetivo de poder prevenir a los trabajadores que aún no habían marchado a Cuba,(55) pero el gobierno colonial no reaccionó con la presteza necesaria, aunque envió una carta al cónsul holandés en La Habana para recabar información al respecto; este último, por su parte, mandó una carta al patrón de los curazoleños, en la que solicitaba datos sobre la situación de los emigrantes. El doctor Molinet, director general de la Chaparra Sugar Company, rechazó las acusaciones y dijo que la compañía tenía que tratar bien a su gente para mantener vivos los deseos de continuar emigrando a Cuba. Según dice, los perezosos eran, en realidad, los que reclamaban.(56) Este asunto preocupó, sin embargo, a diferentes personas en Curazao, y el periódico La Cruz dedicó dos ediciones al tema. El 24 de abril de 1918, el periódico repitió las acusaciones de la carta anónima y, a pesar de las dudas, aconsejó a los emigrantes potenciales tener más cuidado cuando firmaran el contrato para ir a Cuba. Además, solicitó a las personas que enseñaran a la redacción cualquier carta recibida de sus familiares en Cuba.(57) El periódico La Cruz, en respuesta a su petición, recibió dos cartas, publicadas en su edición del uno de mayo de 1918. Un emigrante escribía desde Puerto Padre: Aquí debemos trabajar como animales. Yo, con 30 personas nos negamos a trabajar, porque es un trabajo que la gente no puede hacer. De modo que estamos aquí sin trabajar e imposibilitados de huir a otro sitio. Juchi Prins engañó a todos. Todos estamos desesperados.(58) El periódico reaccionó muy seriamente ante semejantes acusaciones y las comparó con otra carta conseguida de su corresponsal en Aruba y que decía algo totalmente diferente. El arubano escribió desde Cuba: Aquí en Cuba se necesita de trabajadores que cojan el machete en su mano y corten caña. Mientras más caña se corta, más caña se gana. Un trabajador puede hacer en un día de 1.50 a 3 fuertes.(59) El periódico procuró explicar la contradicción afirmando que, probablemente, los que se quejaban y estaban descontentos, eran los jóvenes de la ciudad, por no saber nada de los trabajos del kunuku; estos jóvenes no estaban acostumbrados a trabajos pesados como el trabajar de la mañana a la noche con el machete en la mano y bajo el sol caliente. Por otra parte, esos jóvenes de Punda se apresuraron, entusiasmados posiblemente por las ganancias ofrecidas, y cerraron su contrato sin preguntar qué clase de trabajo iban a desempeñar allá; si las cosas habían sido de este modo, era culpa de los propios emigrantes. El contratista Juchi Prince recibió también una reprimenda por parte del periódico, mismo que constató que había sido culpable en parte del engaño, ya que al contratar a las personas no les avisó que el único trabajo contratado era el de la caña. Y tampoco les advirtió que se trataba de un trabajo pesado, imposible de soportar por las personas nacidas y criadas en la ciudad. El periódico siguió acentuando la diferencia entre la buena acogida experimentada en Cuba por los arubanos en comparación con los curazoleños y afirmó que los arubanos no se quejaban y parecían estar contentos. Ofrecía como prueba de esto la llegada de 4,500 florines (2,500 primero y luego 2,000 más) y subrayaba el hecho de que la suma enviada alcanzaba un total de 10,000 florines.(60) Finalmente, el periódico repitió los consejos dados anteriormente y los dirigió ahora a los trabajadores de la ciudad; al propio tiempo, hizo notar al gobierno su responsabilidad para con los emigrantes. Además, se escribió: No vayan a Cuba sin conocer por anticipado las condiciones de trabajo en que son contratados. Si se trata de un trabajo como el que se hace en un kunuku cogiendo un machete, un pico o un azadón, entonces, ninguna persona de Punda debe ir. Por otro lado, la gente que viene a buscar trabajadores no debe engañar ni aceptar a esa gente. Vamos a ir más lejos. Queremos pedir a nuestro gobierno que si se busca a gente de aquí, de Aruba o Bonaire, para que vaya a trabajar afuera, se envíe un delegado que presencie la firma de los contratos. El representante del gobierno debe preguntar las condiciones de contratación de nuestra gente y explicarlas a todo el que quiera firmar, y evitar así futuras desilusiones, o cualquier clase de reclamos y protestas. Y si, a pesar de esto, luego vienen reclamos, hay que leer el texto del contrato y así, en ese mismo momento, salir de dudas y saber quién tiene la razón. Esa es una medida necesaria. No debe volver a suceder que alguien se aproveche de nuestros trabajadores. Pero tampoco debe suceder que nuestra colonia tenga un mal nombre fuera de nuestra tierra y se diga que nuestros trabajadores son flojos y obstinados.(61) A pesar de esas malas noticias, en 1918 salieron de Curazao 501 trabajadores, de los cuales 336, o sea la mayor parte, emigraron en marzo, seguidos por 134 en el mes de mayo. El periódico La Cruz del 22 de mayo de 1918 describió la salida de la goleta Reina con trabajadores hacia Cuba el Domingo de Pentecostés. La gente estaba hacinada en la cubierta y no dejaba de gritar adiós. En dos ocasiones, un barco de pescadores tuvo que llevar hasta la goleta a algunos trabajadores que se habían quedado en tierra, cuando ya la embarcación había partido.(62) Este año, descrito por el gobierno colonial como un año económicamente bueno, resulta totalmente diferente si se estudian los datos mensuales de los campos; se despidió a obreros de la industria de fosfato y no hubo cosechas por la falta de lluvia.(63) Al siguiente año, 1919, se publicaron otra vez en La Cruz dos cartas de la central Delicias, una de las centrales donde trabajaban los curazoleños. En ellas aparecen de nuevo quejas sobre las condiciones encontradas en Cuba. La primera carta, de fecha 3 de abril de 1919, fue publicada después de casi un mes, el 21 de mayo de 1919. El remitente hacía notar que los jóvenes eran quienes más problemas habían encontrado en Cuba. Rolando Álvarez decía que era una política consciente de los contratistas buscar en Haití a jóvenes fuertes con sangre briosa y de alta productividad, pero fácilmente manejables y que, además, pudieran ser mandados a su país de origen durante el tiempo muerto (Álvarez Estévez, 1988, 88 y Zanetti y García, 1976, 216). Esto se extendía también al reclutamiento de trabajadores holandeses. Muchos jóvenes han venido aquí pero siento gran pena por ellos, ya que en años anteriores, muchos se han quedado sin trabajo, después de la zafra y, a pesar de esto, han venido más jóvenes este año. Estoy seguro que ni la mitad de ellos hubieran venido de conocer mejor las costumbres de aquí, la vida que tenemos y el trato que hemos encontrado. En Curazao se hace mucha propaganda para contratar rápidamente a los jóvenes, pero luego, aquí, ellos dicen: "Si yo hubiera sabido que se vendía a la gente de esta manera, me hubiera quedado en Curazao ganando una peseta en lugar de un florín." No son los hombres maduros y valientes los que se quejan así, sino los jóvenes menores de edad, sin fuerzas suficientes para soportar el trabajo y el calor de aquí, lo que hace que después del tiempo de zafra en que trabajan cortando caña no puedan seguir con otros trabajos como limpiar terrenos, cavar canales, etc. Ellos se cansan muy rápido con el trabajo duro de manejar el machete, el pico, el azadón y la pala. Acostumbran a trabajar dos o tres días y luego piden su sueldo y van a sentarse a descansar. Cuando regresan a pedir trabajo, ya no son contratados.(64) Al igual que en Curazao, donde existía una ley que prohibía la salida de menores de edad sin autorización de los padres, en Cuba había una ley que obligaba a que los jóvenes emigrantes menores de 16 años fueran acompañados por un mayor, su padre, su abuelo u otra persona. Ya vimos que en Curazao no le hicieron mucho caso a esta ley y, por otro lado, también tuve la oportunidad de conversar, durante mi investigación, con emigrantes que fueron a Cuba de 14 años acompañados por sus padres. Según la ley, allá se les prohibía trabajar y sin embargo lo hicieron. El remitente de la carta anterior advierte tanto a los padres como al gobierno y dice: Los padres que permiten que sus hijos menores de edad vayan a Cuba, están vendiéndolos por 10 dólares, y aquí ellos encuentran una vida pesada, un trabajo que no pueden cumplir por falta de fuerzas. No dejen que los jóvenes se queden en Cuba; para ellos es mejor aquí que allá. ¿El gobierno no puede impedir su salida de Curazao?(65) La segunda carta de la central Delicias, fechada el 3 de junio de 1919, proporciona otro enfoque de la estadía de los curazoleños en Cuba; hace referencia a la carestía de la vida en Cuba: Hace más de dos años que estoy en Cuba, he ganado buena plata pero también he tenido que hacer gastos terribles, tanto que no me han quedado más de 20 dólares. Esto es todo lo que me ha sobrado después de trabajar duro durante dos años. Es por eso que deseo hacer el bien despertando a todos los hijos de Curazao, diciéndoles que al venir a Cuba se gana bien pero también se gasta bastante. Todo es carísimo aquí: para comprar ropa de trabajo debes pagar $2.80, por alpargatas, $5.00, en comida todos los días hay que gastar $0.70, por lavar tu ropa debes pagar todas las semanas un dineral.(66) Además, en la carta encontramos una descripción de la sociedad cubana vista a través de los ojos de un emigrante. Los puntos mencionados por este curazoleño aparecieron también después en otras entrevistas: En Cuba no vives así de tranquilo como en nuestro dulce Curazao. Aquí a toda hora escuchas que hay huelgas, accidentes de automóvil, peleas con la policía, hay muchos ladrones y matanzas. La superstición y las cosas de brujería son muy comunes, hasta utilizan el corazón de los niños para descubrir cosas misteriosas. Cuba libre es Cubita Bella. La capital de la isla más hermosa tiene catedral, soberbios palacios ricos y lujosos, pero también tiene muchos teatros y cines donde se representan las cosas más inmorales. Hacer un paseo por La Habana es una maravilla: parques bonitos con flores, árboles y fuentes que elevan el agua hasta el cielo. Aquí vive gente muy rica que muestra sus lujos y luce muchas ropas. Cuba es sumamente fértil y también tiene minas muy ricas, principalmente las de Ciego de Ávila. No hay comparación con nuestro dulce Curazao. Y sin embargo yo lo quiero mucho más que a Cuba la Bella. A nuestro alrededor no tenemos miedo de que la bala de un revólver nos mate. En Curazao puedes trabajar libremente al kunuku más lejano y puedes ir solo. ¡¿Pero quién se puede arriesgar así aquí en Cuba?! Los ladrones y los asesinos caminan por todos los sitios. Deseamos que en Curazao las cosas cambien un poco, entonces seguro que mucha gente regresa de Cuba. Pero por ahora tenemos que quedarnos en Cuba debido a que en Curazao no hay vida. No hay trabajo.(67) Estas cartas expresan la decepción de los emigrantes; los hombres vieron que no podían cumplir con la meta perseguida al emigrar. Las cartas, por tanto, ofrecen un panorama de las vivencias de estos curazoleños en Cuba. |
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