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Otras Alternativas de Trabajo

El trabajo en las salinas

Las diferentes minas de sal en Curazao constituyeron un trabajo alternativo; tenían una producción de 117,500 barriles por año.(24) Y la producción más alta fue en un año de sequía. Las minas de sal más grandes eran San Nicolás, con una producción de 26 000 barriles por año; Santa Marta Grande, 20,000 barriles; Jan Kok, 16 000 barriles; Hermanos, 14,000, y Rif, 12,000 (Van Soest, 1977, 34).

 

 
Fuentes Consultadas
Notas
Resumen


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En 1989, en el momento de la entrevista, Clemens tenía 82 años; había trabajado desde los 18 hasta los 20 años en la mina de sal de su barrio:

Nos levantábamos a las tres de la madrugada. Mientras más temprano mejor. Así gozábamos del aire fresco. A las ocho de la mañana dejábamos el trabajo. Regresábamos a las cuatro de la tarde. Si había luna llena nos quedábamos hasta las once de la noche porque en la oscuridad es difícil coger sal. Teníamos que excavar hasta llenar un cesto. No debías llenar el cesto completo, porque hay que dejar un espacio para que el agua salga. Debes dejar salir el agua. Después desocupas el cesto y haces un montón. Podías ganar cinco plaka por un barril. Había barriles de 80 centímetros y de 120 centímetros. Había una persona que cavaba con un pico, luego yo sacaba y llenaba el cesto. Luego nos repartíamos el dinero.(25)

El Kore Ficho

Algunos habitantes del campo emigraron a la ciudad después de la emancipación. Allí podían ganarse la vida haciendo trabajos como cargar carbón para los barcos; ya hemos visto anteriormente los testimonios de Didi y Francisco al respecto. En aquel tiempo, Curazao tenía dos compañías dedicadas al transporte de carbón, procedentes de Estados Unidos e Inglaterra. Los barcos de vapor que hacían escala en el puerto se abastecían de carbón; primero el carbón era depositado junto al muelle y de allí debía ser transportado en canastos a los tinglados ubicados cerca de los barcos. Cuando un barco quería hacer su provisión de carbón, los obreros lo cargaban de los tinglados al barco (Van Soest, 1977, 96).

En el siguiente relato, Francisco ofrece algunos detalles de su trabajo en la compañía abastecedora de carbón para los barcos. Esta compañía era, en aquel entonces, la más grande y mejor organizada de su ramo. La cantidad de carbón sacada por ella se incrementaba constantemente. En 1902 se sacaban 120 toneladas por hora, en 1910, 142 toneladas y en 1914, 174 toneladas por hora (Van Soest, 1977, 95-96):

Yo cargaba carbón para los barcos, era kore ficho. En aquel tiempo los vapores funcionaban con carbón, nada de petróleo. Carbón stein un pedazo de carbón negro, negro. A las seis se abría la bodega en Motete. Al abrir la bodega, cada quien cogía su canasto. Tú cogías tu canasto y lo llenabas con carbón stein. Luego subías la rampa y lo vaciabas en el vapor. Conseguías un locha, que era plata falsa. Plata falsa, porque la locha no tenía valor. Cuando terminabas de trabajar te cambiaban las lochas por plata. Por cada canasto de carbón que llenabas y llevabas a vaciar en el vapor te daban una locha que te cambiaban por un centavo; de esa manera conseguías un centavo. Si llevabas cien canastos, conseguías un heldu o florín. Cuando el vapor se iba, podías cambiar la locha por plata. Podías llenar 100 canastos por día. Había gente que llenaba hasta 200 canastos por día.(26)

La compañía abastecedora de carbón para los barcos daba trabajo a gran parte de la población. De 200 a 300 hombres subían y bajaban corriendo con los canastos cuando había mucho trabajo (Van Soest, 1977, 96). Francisco nos sigue contando cómo era el trabajo con tanta gente:

Había palas, pero no se podía trabajar más rápido, porque cuando te encontrabas con un montón alto tenías que meter la pala en el medio y empujar el carbón con tu propia mano, así lograbas hacerlo más rápido. No había suficientes palas para toda la gente y por eso todos se empujaban para conseguir una y en ese apuro algunos caían a un lado, al agua. Sobre la tabla había mucha gente con canastos al hombro. Tú levantabas la canasta y la ponías sobre tu hombro. En unos momentos todos estaban manchados de carbón y se iban negros, negros. Cuando comías un poco de pan, hombre, ¡Dios nos guarde! Tus labios estaban negros, tus manos también, todo estaba tiznado de carbón, y tú debías comer, aunque todo tenía sabor a carbón. Gracias a Dios, la gente de aquel tiempo no se enfermaba como hoy en día, ahora en este tiempo todos son más delicados. Cuando eras cargador de carbón para los barcos (kore ficho) no escuchabas más que cantar. El canto te animaba a trabajar. Todos nosotros cantábamos la misma canción. Una canción popular que pone la énfasis sobre la fuerza masculina, era:

Gengu macho t'ami T'ami mes o t'ami mes Gengu macho t'ami Unbe m'a bai, m'a bolbe

Traducción: Gengu macho soy yo Sí soy yo, soy yo mismo Gengu macho soy yo Rápido fui y volví.(27)

Francisco recuerda la primera vez que cargó carbón como si fuera el día de hoy:

El día en que cargabas por primera vez, ¡Jesús! Mi espalda se raspó. Debajo de la camisa llevaba ropa interior, y cuando levanté el canasto sobre mi espalda, ésta me raspó. Así que mejor me quité la camisa y la tiré a un lado. Ellos me dijeron: "Amárrate una ropa sobre tu hombro y así cargas el canasto sobre tu hombro". Cuando me amarré la ropa sobre el hombro y cargué otra vez, la herida en la espalda comenzó a gotear. No sé si era bueno o malo pero uno de ellos me dijo que me pusiera kerosene en la herida y así lo hice. ¡Ay! La ropa interior se pegó y la herida se abrió más. Sin embargo, tenía que continuar cargando el canasto todo el día. No quería cargar sobre mi cabeza, porque sólo las mujeres cargaban sobre las cabezas. Después de que los hombres se fueron a Cuba quedaron las mujeres cargando los canastos de carbón, pero ellas ganaron más porque al no haber hombre se pagaba dos plaka por canasto.(28)

Otros muchos como Francisco decidieron irse a trabajar en la compañía porque allí podían ganar más; comparaban el dinero recibido cuando trabajaban de aprendices con el patrón y el que podrían recibir en la compañía de carbón.

El trabajo en Klep era la máxima aspiración de los jóvenes y sólo la emigración les resultaba más atractiva que Klep. Para muchos como Didi, el trabajo en Klep fue un trampolín para después ir a Cuba. Didi percibió el trabajo ahí de este modo:

El trabajo en Klep era un trabajo de animales. Un trabajo duro. Había veces en que sacaba 200 canastos por día. Llenabas tu canasto y luego lo vaciabas. Todo el día bajando el carbón hasta el borde del barco para poder llenar las carretillas con el carbón. Luego había que subir la escalera, llenar la carretilla, empujar la carretilla y vaciar el carbón. Entonces tus pies comenzaban a resbalarse. No podías seguir más, la carretilla se viraba de lado y no podías vaciar el carbón. Si lo lograbas, estaba bien, si no lo lograbas... ellos te decían: "No es ahí donde debes vaciar. Vete a la casa, vete a la casa". Entonces tú habías terminado. Había suficientes muchachos sentados esperando cuando el capataz dijera: "Mira, trae la carretilla". Las cosas sí que eran de verdad. Esas cosas sí eran castigos de verdad. Me quedé a vivir en Seru de Otrabanda el tiempo en que fui kore ficho, donde algún conocido. ¡Ay! En la noche veía tarros de comida y fuego aquí y fuego allá. Estaban haciendo la comida. Después de Klep me fui a Cuba.(29)

En aquellos años el puerto de Curazao era muy importante como centro de tránsito de mercancía tanto hacia el norte como hacia el sur de América. Las mercancías provenientes de Europa hacia otros puntos de Europa y viceversa pasaban por Curazao. Pedro, nacido en Tera Kora, no trabajó cargando carbón para los barcos antes de ir a Cuba, sino que cargaba productos transportados por los barcos:

Debía cargar café, harina. Bajaba todo lo que había que bajar. Cogía todo lo que había que coger cargando sobre el hombro. No había máquinas. Había que levantarlo hasta el hombro. Levantar y levantar. Muy duro, porque en ese tiempo no había cosas modernas como ahora para cargar café, harina de funchi [maíz]. Era necesario tener cuero de borrico. Ganaba un ría por hora. Tres yotín por día y después ocho plaka, dos florines por día. Yo trabajaba por hora, ganaba ocho plaka por hora en Curazao. En tierra se ganaba ocho plaka y a bordo un plaka más. Por tanto, al trabajar a bordo se ganaba nueve plaka. Cuando se trabajaba a bordo había que entrar al barco. Era la Klep y Bulto. Después entré a trabajar a bordo sólo porque el capataz me escogió para hacerlo. Había aprendido a trabajar bien a bordo. Tenías que subir y bajar la escalera, te tocaba trabajar en la bodega. En aquel tiempo yo vivía en Punda. Iba a Siberia cada dos semanas o cada mes, según como iban las cosas.(30)  

Nieuport

A partir del siglo XX, para ser más precisos en el año de 1913, en Nieuport se iniciaron los trabajos de procesamiento de fosfato y piedra caliza para exportar a otros países. Ello abrió nuevamente una oportunidad de trabajo, después de que en 1895 esta industria se había paralizado (Van Soest, 1977, 125). Ramón fue uno de los que fue a Cuba luego de trabajar en Nieuport.

Antes de que yo fuera a Cuba, en enero de 1921, trabajé en Nieuport. Ese era el tiempo del fosfato. Los vapores cargaban fosfato. Desde el día en que comencé a trabajar ganaba un florín por día. Un florín. Después aumentaron diez centavos, un depchi. De un depchi me subieron a diez plaka y, por último, me pagaban tres yotín por día [un florín y cincuenta centavos]. Después, cuando los vapores venían y se cargaba la piedra, se pagaba un dólar por día, o sea, cuando embarcabas ganabas un dólar por día. Luego cuando el vapor se iba se ganaba tres yotín por día.(31)

Marcelo, nacido en 1898, trabajó también en Nieuport antes de marchar a Cuba. Entonces era un joven cocinero de 24 años que trabajaba para los directores ingleses de la industria del fosfato. Como muchos de sus compatriotas, fue a Cuba con la ilusión de ganar más plata e invertir luego en algo:

Trabajé como criado para los ingleses de la compañía de fosfato. Lo que me pagaban aquí no era mucho. Necesitaba plata para construir mi casa; eso y otras cosas más quería yo. Uno va a donde puede ganar más dinero y allá en Cuba podía ganar buen dinero. Pero cuando fui allá ya era tarde, bastante tarde. Sin embargo, permanecí allá dos años y al segundo año me di cuenta que ya hasta el azúcar no pagaba bien.(32)

Ambos relatos contrastan con lo que el director de la industria de Nieuport decía en su misiva al gobierno. Esta industria se vio afectada por la salida de sus hombres cuando la emigración a Cuba se puso de moda y en 1920, el director protestó por la gran cantidad de trabajadores que había partido hacia Cuba (Van Soest, 1977, 199-200). En esa misma carta al gobierno sostenía la idea de que los hombres no habían salido para obtener un mejor salario en Cuba, sino por querer escapar de sus obligaciones familiares.(33)

Mientras más intensa se hacía la emigración a Cuba, más grande era el impacto sentido en los otros sitios de trabajo en Curazao. El periódico La Cruz afirmó, en 1919, que Cuba representaba una amenaza para Curazao, porque cada uno de los curazoleños se atrevía a echar a un lado cualquier incidente en su trabajo y a gritar que mejor se marchaba a Cuba.(34) También, los trabajadores de Nieuport se declaraban en huelga al sentirse descontentos con su trabajo, porque tenían la seguridad de que podrían ir a Cuba si su petición de aumento de sueldo no era escuchada y perdían su empleo. El número de trabajadores se tornó escaso y las peticiones de dinero mayores.(35) Ramón, por ejemplo, también supo lo que era una huelga en Nieuport antes de emigrar a Cuba.

En Nieuport nos pusimos en huelga a finales del año 1920. Los vapores vinieron a Nieuport a recoger el fosfato, pero todos los trabajadores botaron las carretillas. La huelga era por más plata. El vapor vino y fue en ese momento que vimos la oportunidad de empezar la huelga. Cuando el vapor entraba vacío, te declarabas en huelga para conseguir más plata. Salimos afuera. Había personas que habían regresado a trabajar. También había viajes a Cuba. Entonces yo empecé a buscar un viaje a Cuba.(36)

La Compañia Petrolera "Isla"

En 1915, dos años antes de la primera emigración a Cuba desde Curazao, se estableció en nuestra isla la compañía de petróleo Curacaosche Petroleum Maatschappij, comúnmente conocida como la CPM y llamada en el lenguaje popular "Isla". En sus comienzos, fue un lugar para almacenar petróleo y años más tarde se convirtió en refinería. No se requería de muchos trabajadores para establecer dicha industria y su número fluctuaba según las necesidades del momento. En un artículo del periódico La Cruz se dijo que la refinería de petróleo estaba sólo completando su construcción y, por tanto, no necesitaba de más trabajadores en aquel momento.(37)

Lo hasta entonces finalizado era una cuarta parte del proyecto total y, si las cosas iban bien, el número de tanques sería cuatro veces mayor. La idea fue presentar una mejor perspectiva ante los trabajadores despedidos y devueltos a sus casas. Según el artículo, al finalizar el año, la empresa comenzaría con la explotación y entonces necesitaría nuevamente personal para emplearlo en los tanques y vapores que irían y vendrían de Maracaibo. Asimismo, si la empresa continuaba desarrollando su refinería en mayor escala, con el consecuente aumento de trabajo como se visualizaba, con posterioridad sería indispensable montar nuevos tanques y también construir casas y arreglar terrenos. El autor del artículo mencionado terminó escribiendo que se hacía saber todo esto con la finalidad de que los trabajadores desocupados estuvieran seguros de que la empresa los requeriría en el futuro. No se les aconsejaba sentarse a esperar, mientras se llegaba el tiempo de la contratación debían buscar otro trabajo.(38) A pesar del pronóstico del periódico, en 1918 la industria empleó solamente 300 trabajadores de Curazao, Aruba y Bonaire, junto con los obreros americanos.

Francisco fue uno de estos obreros. Trabajó en Isla en 1916, cuando la CPM estaba construyendo la refinería con contratistas y trabajadores americanos. Él trabajó con un americano mezclando cemento y cuenta cómo eran los trabajos cuando Isla funcionó en pequeña escala.

Yo ponía con la pala cemento y también arena y ripio con agua, luego movía mezclando todo. Después cogía la carretilla para llevar la mezcla. Cuando la huelga fue declarada por la gente mayor, se despidió a muchos que querían más plata. El americano nos dijo: "La semana pasada se despidió a mucha gente. Si ustedes también se van a la huelga, no se les va a dar más plata, se les manda a la casa". Fuimos a ver al jefe llamado Van Der Wal, le decíamos Pam Bichi, porque siempre se vestía con una camisa que tenía palmas. Él nos dijo que nos fuéramos a trabajar a otro lugar hasta el próximo sábado, cuando nos iba a dar otra cosa para hacer. El siguiente sábado conseguimos un depchi más. En aquel tiempo yo ganaba tres yotín con un depchi. Pero un día entró un vapor de guerra donde los Maduro. Los tres que trabajábamos mezclando cemento en Isla, yo, Tochi de Nina y Matías Hooi (los dos ya murieron), fuimos a trabajar de kore ficho donde los Maduro en la noche, después que habíamos terminado nuestro día de trabajo en Isla. Al amanecer fuimos nuevamente a Isla, pero el controlador nos reconoció y le fue con el cuento al americano. Cuando empezamos a trabajar, Constatin, que era nuestro capataz nos dijo que estábamos en la lista negra. Nos habían visto de kore ficho y nos despidieron de Isla.(39)

Francisco cuenta los esfuerzos que hizo para ir a trabajar a la industria. Esto significaba salir muy temprano de su casa y caminar largas distancias para llegar a tiempo a su trabajo:

Isla abría sus puertas a las cinco y media de la mañana. Para llegar a tiempo al trabajo, salíamos a las cuatro de la madrugada, porque cuando daban las seis si no estabas dentro, se cerraba la puerta y ya no podías entrar. Si no trabajabas, no ganabas. No work, no pay. Tenías que levantarte de madrugada y no había despertador, no había nada. Nos levantábamos con la estrella, con la estrella de La Cruz, junto a la Vela de Coro. Como a las tres de la madrugada, te levantabas para cocinar y comer un poco de funchi, ordeñar la leche y bebértela. Después salías. Caminabas durante dos horas. Al regreso también caminabas dos horas. Trabajábamos de seis a seis. Ahí sí había reloj, de los que caminan haciendo tic, tic, tic. Yo no podía comprarme uno. Costaba un dolo cada uno, era imposible que pudieras comprarte un reloj. Sólo el capataz podía tener reloj. No podías comprar uno porque lo que ganabas no te alcanzaba.(40)

Más adelante, en el transcurso del siglo XX, Isla se convertiría en la principal fuente de trabajo en Curazao; en ella, se podía acceder a un salario mejor. Sin embargo, en los inicios de su operación brindó trabajo a un número limitado de personas y no bien remuneradas. En 1919 y 1920 el salario a ganar en la compañía petrolera alcanzaba 3.50 florines diarios, la misma cantidad ganada por un carpintero.(41)

Pedro nació en Wespen en 1898 y trabajó para Isla a principios de siglo. En su relato pone de manifiesto el por qué abandonó Isla para irse a trabajar a Cuba:

Antes de ir a Cuba en 1919 trabajé en diferentes lugares. Trabajé en Isla dos veces. Limpié Valuntijn [Valentijn] cuando dejó de ser un cementerio y pasó a ser propiedad de Isla. Limpiamos todos esos bosques, desde el comienzo hasta la otra punta. Ahora se ha limpiado el lugar. En aquel tiempo no estaba así. El día en que comenzó Isla limpiamos para ganar tres yotín con dos centavos por día. Limpiamos el bosque y lo dejamos limpio por tres yotín con dos centavos. Cuando venía el barco con arena desde Aruba, se retenía a los trabajadores hasta media noche para que trabajaran descargando el barco mientras otros amontonaban los huesos de los muertos para quemarlos. Cortábamos los árboles, cortábamos las matas y limpiábamos el bosque. Hablemos claro: "No me gusta trabajar donde no veo plata". Tres yotín con dos centavos, tenía una mamá que cuidar. ¿Qué podía hacer? En aquel tiempo eso era algo de plata. Pero no me alcanzaba para poder vivir en la casa ¿Qué podía hacer? No me podía quedar, aunque mi mamá no quería que fuera a Cuba. Pero tenía que irme, porque yo quería irme.(42)

Francisco hizo lo mismo y decidió abandonar Curazao e irse a Cuba por la posibilidad de ganar más dinero allá:

En el año 1916 Isla se abrió y fui a trabajar ahí. Los hombres grandes ganaban un florín. Yo tuve la suerte de ganar medio fuerte [62.5 centavos de florín]. En aquel tiempo, los muchachos como yo ganaban sinku riá [75 centavos de florín] en Isla. Ellos iban a coger tamarindo y lo vendían a los trabajadores. Traían el tamarindo seco a Isla porque allí había una tienda. Isla vendía harina, bokel [pescado salado] y otras cosas. Podían prestarte comida: tú ibas con tu jefe que autorizaba y al siguiente sábado te descontaban de tu pago. Después fui a trabajar en la cubierta de los barcos con don Uchi. Ahí ganábamos tres yotín [un florín y cincuenta centavos] y luego tres yotín y diez plaka [25 centavos de florín]; un plaka equivalía a dos centavos y medio. Entonces, decidí ir a Cuba.(43)

La Experencia de Los Curazoleños en Cuba

Cuando los curazoleños fueron a Cuba, no sabían la clase de candela a la que iban (44)

Para comprender por qué Cuba necesitaba trabajadores extranjeros y esclarecer la situación que los trabajadores curazoleños encontraron allí, se hace necesario describir el panorama político y económico de Cuba a principios del siglo XX.

Los emigrantes curazoleños fueron a Cuba cuando la economía de esta isla se encontraba en alza. La base de la economía cubana era, en aquel entonces, la producción de azúcar. Debemos anotar que Cuba empezó a producir el dulce con posterioridad a otros países del Caribe como Barbados, Trinidad y Tobago, etcétera, y que ya en 1868 producía el 40 por ciento de la totalidad de azúcar del mercado mundial.(45) El azúcar y el tabaco eran productos de exportación, especialmente para el mercado de los Estados Unidos.

El cultivo de la caña requiere de una fuerza laboral muy grande.(46) En el siglo XIX, el cultivo de la caña y el procesamiento del azúcar en el Caribe y en Cuba fue un trabajo encomendado a los esclavos; pero, justamente cuando la producción de azúcar comenzó a subir, el tráfico de esclavos fue prohibido. A pesar de ello, Cuba siguió importando esclavos, burlando las reglas internacionales en cuanto al tráfico ilegal de esclavos. (47) En 1886, luego de la emancipación de los esclavos en Cuba, se introdujo un sistema de patronato, que representaba una fase de transición para la obtención de una fuerza laboral más barata.

Sabemos que Cuba atravesó por dos guerras de independencia contra España durante el siglo XIX; la primera, llamada Guerra de los Diez Años, se extendió de 1868 a 1879, mientras que la segunda duró de 1895 a 1898. Durante la segunda guerra, Estados Unidos apoyó a Cuba para que se liberara de España, pues con ello defendía sus propios intereses en la isla. El 2 de julio de 1898, España cedió a Cuba, Puerto Rico y Filipinas y en enero de 1899 Cuba quedó constituida como República independiente, aunque en 1898, cuando Cuba recibió su independencia de España, fue ocupada militarmente por los Estados Unidos. Esta ocupación, bajo el mando militar de John R. Brooke y Leonard Wood, duró hasta el 20 de mayo de 1902, fecha en que los americanos salieron de Cuba.

Sin embargo, antes de marcharse de la isla, los Estados Unidos aseguraron su poder mediante una enmienda a la constitución cubana, denominada Enmienda Platt. Uno de sus artículos estipulaba que los Estados Unidos podían ejercer su derecho de intervenir en Cuba, cuando consideraran que la independencia de esta última se encontraba en peligro. Por tanto, los Estado Unidos podían interceder para mantener el gobierno que consideraran más adecuado para proteger la vida, la propiedad y las libertades individuales (Jenks, 1970, 79). Además, el gobierno cubano no podía pactar y firmar con un tercer país sin el permiso de los Estados Unidos (Fernández Robaina, 1990, 37).

En los años siguientes, Estados Unidos intervino en Cuba de 1906 a 1909 y también durante los levantamientos de 1912, 1917 y 1918. En 1919, ocuparon militarmente el país. Estos fueron mecanismos políticos creados para dominar económicamente a Cuba y, así, consolidar los intereses de la burguesía norteamericana apoyada por los cubanos pronorteamericanos (López Bombalier, 1983).

En la primera mitad del siglo XX, Cuba fue simplemente un satélite político de los Estados Unidos. El gobierno no poseía un mandato electoral claro y su dirección no era completamente autónoma, por lo que servía muchas veces a los intereses de los Estados Unidos y de las empresas económicamente grandes. La influencia económica de los Estados Unidos en Cuba era muy visible y, aunque se había retirado de ahí en 1902, la isla continuaba sintiendo su presencia, en especial en la producción de azúcar. A comienzos del siglo XX, la producción de azúcar en Cuba guardaba estrecha relación con el desarrollo político del país; un ejemplo es el Tratado de Reciprocidad Comercial (1902), que reflejaba el dominio del azúcar cubana en el mercado norteamericano. Sin embargo, esto no significaba ventajas para Cuba, ya que el precio del dulce era fijado por los Estados Unidos (Thomas, 1971, 537). Hay que subrayar que el Tratado de Reciprocidad concedía a los Estados Unidos el monopolio sobre el mercado cubano y excluía a otros países. Dicha dependencia fue un obstáculo para el libre desarrollo de la industria cubana y, además, impidió la diversificación de la agricultura (Tabares del Real, 1975, 40).

El cuadro 1, ofrecido a continuación, muestra las inversiones norteamericanas en Cuba desde 1906 hasta 1927, así como también su desarrollo y crecimiento.

CUADRO 1. Inversiones de los Estados Unidos en Cuba, 1906-1927 (en millones de dólares) Sector económico 1906 1911 1927 Azúcar 30 50 600 Vías férreas y navegación 25 30 120 Electricidad 17.5 20 115 Minas 3 0 50 Comercio y banca 4 30 30 Manufactura (excluido el azúcar) - 0 15 Agricultura (excluidos el azúcar y la ganadería) 66 10 45 Bienes inmuebles 14 35 50 Hoteles y entretenimientos 0 0 15 FUENTE: Jenks, 1970, 246.

El mayor crecimiento económico se dio en la industria azucarera. El monopolio norteamericano estaba vinculado con el latifundio o con la enorme posesión de terrenos. En el siglo XX, muchos inversionistas, banqueros y comerciantes norteamericanos compraron terrenos en Cuba. Por ejemplo, en 1902, Andrew Preston, presidente de la United Fruit Company compró terrenos por un valor de cinco dólares la hectárea y fundó las centrales Boston y Preston. También, R. B Hawley, congresista de Texas, junto con un grupo de inversionistas, compró 27,000 hectáreas de terreno cerca de Puerto Padre y construyó la central más grande de aquella época, la Chaparra, a donde fue a trabajar la mayor parte de los emigrantes curazoleños (Hoernel, 1976, 215-249). Otra central grande era la Delicias, perteneciente a los mismos dueños de la central Jobabo (Hoernel, 1976, 231) y cuyo representante cubano, el general Mario García Menocal (1866-1941), fue presidente de Cuba de 1913 a 1921, y quien garantizó el dominio político y económico de los Estados Unidos en Cuba.

El Manatí, fundado unos años antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial, fue otra de las centrales que reclutó trabajadores curazoleños. Contaba con grandes extensiones para plantar caña (212 millas de terreno) y, además, con una vía férrea para conectar sus plantaciones con las fábricas de procesamiento del azúcar y con el puerto para su distribución (Hoernel, 1976, 240). La central Manatí también poseía su propio barco que, para los curazoleños, era en 1919 el medio de transporte directo a Cuba.

El sistema de producción que utilizaba la central Manatí consistía en unir el cultivo con el procesamiento de la caña. Este procedimiento ya se aplicaba desde comienzos del siglo XIX. Antes de la primera guerra de independencia, que duró diez años, Cuba tenía 2 000 molinos de azúcar, mientras que en 1894, su número alcanzaba sólo los 500. En este periodo, los dueños de los molinos de azúcar también plantaron caña. Después de la mencionada guerra el panorama cambió: el cultivo de azúcar fue a parar gradualmente a manos de los colonos o dueños de las colonias, contratados para entregar la cosecha de caña a los molinos de azúcar para su procesamiento. El esquema de funcionamiento continuó así hasta el siglo XX y fue apoyado por las innovaciones tecnológicas.

Solamente pudieron sobrevivir las compañías con suficiente capital para adquirir maquinaria nueva; los colonos se volvieron más dependientes de las compañías grandes -norteamericanas en muchos casos-, y así el control de la producción de azúcar se concentró en organizaciones poderosas. En 1906, durante la segunda ocupación norteamericana, la mencionada central Chaparra se unió a las de Merceditas, Tinguaro y Constancia y Unidad, conformando una sola compañía denominada The Cuban American Sugar Company. Pero, además de esta última, poseían la Cuban Sugar Corporation, la General Sugar Company, la Cuban Trading Company, la Punta Alegre Sugar Company y algunas otras (Benítez, 1976, 264). El contrato firmado por los colonos con las compañías incluía 46 cláusulas en las que se declaraba lo que el colono tenía que cumplir y lo que no (Guerra, 1976, 245-260).

Catorce años después, en 1920, Cuba tenía operando únicamente 180 molinos de azúcar. Los norteamericanos tenían los molinos tecnológicamente más sofisticados y modernos. De esta forma, en sus primeros 20 años en Cuba, 27 ingenios instalados por los norteamericanos produjeron casi el 50 por ciento de la totalidad del azúcar producida en la isla, porque los norteamericanos poseían casi un millón de hectáreas de terreno para el cultivo de la caña. Estos ingenios también contaban con una línea férrea y un muelle para facilitar el transporte del azúcar al puerto (Benítez, 1976, 264). Cabe decir que, en este periodo se construyeron diferentes nuevos puertos en Cuba (Guerra, 1976, 228). El mejoramiento de las vías férreas hizo crecer el número de las plantaciones y muchas áreas remotas fueron, de este modo, incluidas en el proceso de producción del azúcar.

El mayor crecimiento ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, debido a que grandes productores como Bélgica, Francia y Alemania, al verse directamente involucrados en la guerra, desviaron su atención de la producción de azúcar y no pudieron continuar produciendo lo suficiente para cubrir el consumo mundial. Antes de la guerra, en 1913, Cuba producía el 12 por ciento de la producción mundial (Thomas, 1971, 536). El precio del azúcar se elevó ante una producción limitada y esto constituyó el incentivo para que otros países como Estados Unidos, y Java, entre otros, se decidieran a sembrar caña de azúcar. Es así como, durante la guerra, los países aliados dependieron cada vez más de Cuba para el consumo del azúcar, cuyo precio continuaba en ascenso. Cuba comenzó a cultivar caña en sus terrenos menos poblados en el oriente del país. En las provincias centro-orientales de Las Villas y Camagüey se talaron muchos árboles de caoba, cedro y otros para dar paso a plantaciones de caña y a la construcción de fábricas para procesar azúcar. Entre 1902 y 1903, las provincias de Oriente, Camagüey y la parte este de Las Villas produjeron sólo 35.7 por ciento del total del azúcar de Cuba; entre 1918 y 1919 esta cifra se elevó a 56.4 por ciento, mientras que en 1919 ya constituía 69.5 por ciento (Domínguez, 1978, 23).

Durante el ascenso de la producción de azúcar, la necesidad de mano de obra también se elevó, ya que esta industria requiere de un número proporcional de trabajadores a la cantidad de áreas plantadas de caña.

Para comprender la situación de los curazoleños en Cuba, la primera pregunta que debe hacerse es por qué era necesario buscar emigrantes extranjeros en las otras islas del Caribe, incluida Curazao. El historiador Eric Williams cita como motivo que durante las dos guerras de independencia de Cuba la isla había perdido muchos hombres (Williams, 1970, 483). Sin embargo, hay otras causas por las que Cuba buscó emigrantes del Caribe como mano de obra para el trabajo en la caña de azúcar. A continuación hablaremos sobre el recorrido histórico de la importación de extranjeros a Cuba.

De 1847 a 1874, antes de que Cuba aboliera la esclavitud, esta isla contrató alrededor de 125 000 chinos para trabajar en las plantaciones de azúcar. Las razones de la escasez de trabajadores estaban relacionadas con la prohibición de traer nuevos esclavos, la alta mortalidad entre los esclavos cubanos y con el hecho de que las personas que habían sido esclavas, en su gran mayoría se habían marchado a trabajar a la ciudad para ganar más dinero (Moreno Fraginals, 1983, 118).

Hubo muchos problemas con la emigración a Cuba. Este país había querido siempre, por todos los medios, mantener su población lo más blanca posible y por ello traía españoles, fundamentalmente, de las Islas Canarias. Casi 77.26 por ciento de los 322 878 emigrantes que entraron a Cuba entre 1902 y 1911 eran españoles blancos; un gran número consiguió trabajo en la construcción y en el montaje de máquinas (Moreno Fraginals, 1983, 99), lo que significa que algunos no se quedaron en las plantaciones, sino que continuaron hacia la ciudad (Thomas, 1971, 540). Cuando los norteamericanos entraron en Cuba reforzaron la idea de mantener el país lo más blanco posible. Sin embargo, en los momentos en que la producción de azúcar creció a los niveles máximos con las consiguientes ganancias, se hizo necesaria la presencia de trabajadores extranjeros de cualquier color.

En el año en que los curazoleños comenzaban a emigrar a Cuba existía un problema laboral muy grande, que culminó en una huelga que paralizó una cuarta parte de las centrales en el este de Cuba (Damoulin, 1980, 55). En el conflicto laboral, los trabajadores exigían un mejor salario para enfrentar la inflación consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El precio de los alimentos había aumentado dos veces, mientras que el salario de los trabajadores de las empresas azucareras se mantenía igual.

Los obreros luchaban para mejorar las condiciones de trabajo en los ingenios, que aún eran similares a las de la esclavitud. Durante el tiempo de zafra o tiempo de cosecha debían trabajar doce horas al día y se les proporcionaba poco tiempo libre para su vida personal (Damoulin, 1980, 55). Tampoco contaban con asistencia médica en los momentos necesarios. El gobierno cubano actuó con resolución para eliminar la lucha y fue muy severo para enfrentar cualquier tipo de protesta. Sin embargo, los trabajadores continuaron combatiendo y exigieron aumento de salario, una jornada de ocho horas y el derecho a organizarse (Damoulin, 1980, 55-56). Se utilizó, entonces, la importación de obreros extranjeros como un medio destinado a minar las demandas de los trabajadores cubanos. De la misma manera había sucedido en años anteriores, cuando se burlaron las leyes racistas y se toleró que algunas compañías importaran trabajadores (Moreno Fraginals, 1983, 98-100). Ya en 1912 había ocurrido algo igual, cuando el gobierno violó su propia ley de 1902, que impedía importar trabajadores negros del Caribe. Esto fue posible porque en ese año había habido un conflicto racial en Cuba que causó la muerte a 3 000 personas. Los norteamericanos intervinieron e introdujeron 1 000 obreros antillanos para trabajar en la United Fruit Company y socavar así la lucha de los trabajadores cubanos.(48)

Algo semejante ocurrió en 1917. La burguesía cubana con intereses en las empresas azucareras pensaba que los obreros cubanos se mostraban tan exigentes por no tener competencia con otros obreros y sentirse fuertes, por lo que la introducción de trabajadores extranjeros (49) reduciría este sentimiento entre los obreros cubanos.

En 1917, quedó eliminada la ley de 1902; la nueva ley dictada por el presidente Mario García Menocal (1913-1921) permitía la entrada de obreros contratados sin distinción de razas hasta dos años después del final de la Primera Guerra Mundial (Corbitt, 1942, 307). Así, en La Gaceta del 2 de noviembre de 1917 se publicó:

La persona, compañía o entidad que desee introducir en Cuba braceros o trabajadores para faenas y labores agrícolas e industriales, lo solicitará a la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo expresando el número de los que quisiera introducir, su nacionalidad y procedencia, asimismo como el punto por donde deban desembarcar [Benítez, 1976, 268].

En lugar de mejorar las condiciones de los trabajadores cubanos en el campo, les parecía más conveniente importar trabajadores extranjeros productivos, pero menos exigentes que los cubanos. Así fue que pudieron quebrar la fuerza de lucha de los trabajadores cubanos.

Los dueños de los ingenios de Cuba comenzaron entonces a reclutar personas del Caribe de una manera muy agresiva. Así, en 1917, un grupo de dueños de ingenios y colonias se asoció con el objetivo de apoyar la emigración; cada uno de los miembros colaboró con 1 000 dólares y algo de sus ganancias para mandar un agente a Haití, Jamaica y a otros lugares a reclutar trabajadores.(50) Teo de Wespen recordaba a uno de esos agentes, "un cubano, un hombre delgado llamado Rodríguez" (Paula, 1973, 37) que vino a buscar gente para ir a cortar caña. Entonces Juchi, el contratista local, se unió a él para buscar personas y tomó un montón de plata del cubano: "El te daba plata aquí para que vayas allá."(51)

Este Rodríguez aparece en la correspondencia entre la central Chaparra y el gobierno colonial holandés como el jefe del Departamento de Inmigración. También Vicente Grou Agüero fue introducido por el cónsul americano como representante del Departamento de Inmigración cubana, pero en la carta del teniente general de Aruba fue introducido como agente de inmigración. Aquí pues la intervención del gobierno cubano en las empresas azucareras es muy clara (Paula, 1973, 36).

Los emigrantes curazoleños llegaron a Cuba en medio de esta atmósfera de conflictos y antagonismos; arribaron a un sitio que nunca habían vislumbrado y del que no habían tenido información. A nivel político, acababa de ocurrir una rebelión contra la reelección de Menocal en Cuba, esa rebelión que fracasó como consecuencia de la intervención militar norteamericana (Keen/Wasserman, 1984, 411). Por otro lado, la clase burguesa que no tenía ningún interés en las empresas azucareras condenaba la llegada de los emigrantes, con base en ideas racistas, pues consideraba al flujo de trabajadores negros como un proceso para "africanizar" Cuba. A su vez, la clase burguesa con intereses en la industria azucarera y aliada a los norteamericanos dueños de empresas azucareras concebía a los trabajadores negros como esclavos modernos. Según Benítez, los trabajadores extranjeros laboraban en condiciones de semiesclavitud (Benítez, 1976, 267). Era una situación en la que las empresas capitalistas del azúcar tenían todas las ventajas económicas de la esclavitud pero ninguna de sus desventajas (Hennessy, 1978, 243). Los obreros cubanos, en cambio, miraban a los trabajadores emigrados como rompehuelgas y los culpaban de los salarios bajos y de ser un estorbo a la lucha de clases (Cross y Heuman, 1988, 244).

Los emigrantes curazoleños fundamentaron su presencia en Cuba diciendo que los cubanos eran escasos o que Cuba tenía más mujeres que hombres y que los cubanos eran perezosos y no querían trabajar o que, cuando recibían su dinero, no regresaban más al trabajo y por eso se buscó gente de Curazao, Haití y Jamaica. Las expresiones anteriores eran propias de la clase en el poder en Cuba y los curazoleños las repetían; irónicamente, son esas mismas expresiones las que después se usarían en su contra en Curazao. Habían, pues, interiorizado las ideas de superioridad de la clase pudiente y las habían aplicado como propias para hablar en contra de los cubanos.

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