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La Situación Socioeconómica de Curazao a Finales del Siglo XIX y Comienzos del XX

Si tú no la pasas mal, tú no sabes lo malo que está (8)

Hemos visto que la isla tenía una tradición de emigrar a países vecinos. La causa principal de este fenómeno está casi siempre relacionada con las malas condiciones socioeconómicas de Curazao en cada momento. Cabe preguntarnos ahora, si esta misma causa es también aplicable a la emigración hacia Cuba. La situación socioeconómica de Curazao a principios del siglo XX era muy penosa. La clase obrera era la principal afectada, ya que se encontraba en una posición laboral de total dependencia. Los obreros fueron los primeros en sentir las consecuencias de una situación económica desfavorable en la sociedad lo que, desde luego, venía dándose desde la época de la esclavitud. Ya durante el siglo XIX, la continua sequía había ocasionado un fuerte impacto en la vida diaria de los esclavos, puesto que no recibieron el alimento apropiado, acorde a las reglas decretadas. Muchas veces durante estos periodos de sequía los esclavos fueron liberados, se pretendía así eliminar la responsabilidad de los patrones para con ellos. También los patrones, después de una mala cosecha, se veían obligados a vender algunos de sus esclavos en el exterior para conseguir entradas económicas. Así, con el dinero recibido podían comprar alimentos para los demás esclavos (Renkema, 1981a, 182). El gobierno no siempre toleró estas prácticas y emitió periódicamente leyes para prohibirlas. Sin embargo, en el siglo XIX, o para ser más exactos, desde 1819 hasta 1847 se exportaron oficialmente no menos de 4,000 esclavos a otros países cercanos. Además de esta actividad, se acostumbraba poner en libertad a los esclavos y se les permitía trabajar en el exterior bajo condiciones extremadamente malas (Renkema, 1981b, 189). En 1863, luego de la emancipación, un periodo de sequía afectó profundamente a la clase popular. Las consecuencias fueron notorias, en especial para los distritos localizados fuera de la ciudad, donde la gente dependía en gran medida de la agricultura. Fueron esos mismos distritos los que, ya entrado el siglo XX, resultaron más afectados por la pobreza (Dekker, 1982, 45). La alarmante situación socioeconómica de estos distritos fue dibujada por un miembro socialista del parlamento holandés, un tal H. van Kol, que visitó Curazao y las otras islas de las colonias holandesas en 1903.(9) Por aquellos años, la agricultura seguía siendo la hijastra del gobierno y no producía casi nada para la economía. Los principales sectores económicos de la isla eran el comercio y la navegación, y muy pronto los hombres encontraron problemas en los sitios acostumbrados de trabajo (Van Soest, 1977, 58).

Las consecuencias para las familias pobres fueron el hambre, los problemas de salud que no se hicieron esperar y la consiguiente elevación de la tasa de

 
Fuentes Consultadas
Notas
Resumen


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mortalidad entre los niños y los ancianos (Dekker, 1982, 58). Sin embargo, la economía se recuperó entre 1910 y 1915 gracias al desarrollo experimentado por las economías caseras y por el orientado a remediar los problemas que había con la agricultura (Van Soest, 1977, 58).

No obstante, la gente que vivía en las afueras de la ciudad y que dependía en gran medida de la agricultura continuó en una situación deplorable. En 1984, cuando entrevisté a Didi, tenía 80 años. Nació en Banda Bou, de padres agricultores. Banda Bou es una zona rural al oeste de la isla, en donde vivían casi la mitad de los 30 000 habitantes de Curazao a principios del siglo XX. Didi era el tercero de diez hijos; a los ocho años iba a la única escuela de Wespen, junto con los niños de los vecindarios colindantes como Kenep, Lagun, Sabaneta y el propio Wespen. Su familia era muy pobre y, a pesar de que aprendió bien y de que siempre fue el número uno o el número dos de la clase, no pudo continuar sus estudios por la pobreza y debió trabajar desde muy joven.

Me fui de la escuela a los doce años. Si quería seguir en la escuela debía ir a la ciudad: Punda. Pero ¿quién tenía plata para pagar? Entonces, comencé a trabajar. Cargaba agua desde Kenepa y la llevaba a Shirishé. Apenas llegaba con el balde lleno de agua, enseguida lo tomaban y se la bebían. Tenía que volver otra vez. Todo el día debía cargar agua; ese era mi trabajo. Ganaba un yotín [cincuenta centavos por semana]. Además, recibía un kana [casi un kilogramo] de harina por semana pero tenía una cosa clara: mi mamá estaba contenta con el yotín que ganaba por semana. El yotín no era mío, era de mi mamá. No era como sucede con los muchachos de ahora; mi mamá se alegraba el sábado al recibir el yotín que yo ganaba cada semana.

Didi desempeñó diferentes trabajos para sobrevivir antes de ir a Cuba.Cada uno era una manera de ir hacia delante y poder ganar más. Didi prosigue su historia y relata: Cuando crecí un poco más, empecé a trabajar cerrando cercas. Después de un tiempo, trabajé para un árabe y entonces ganaba cuatro heldu (florines) por mes. El árabe iba conmigo; caminábamos a pie hasta Banda Riba. La gente trabajaba allí haciendo sombreros. El árabe me llevaba a su lado y yo sostenía todos los sombreros que él compraba. Si me hubieras visto de frente, no me hubieras reconocido porque mi cara estaba tapada por los sombreros. Cuando llegaba a la casa ponía los sombreros en el suelo. Entonces terminaba los sombreros: jalaba, cortaba y remataba las pajas de cada sombrero. Había veces que a las once y a las once y media todavía remataba los sombreros. Después del árabe me fui a trabajar a Klep, de kore ficho, cargando carbón para los barcos. Mi trabajo consistía en llenar canastos grandes con carbón. Me pagaban un centavo por canasto. Debías cargar cien canastos para conseguir un florín. El carbón se obtenía en Klep, luego debías llenar el canasto y cargarlo hasta llegar al barco para ahí vaciarlo. El barco necesitaba de carbón para sus máquinas; solamente había carbón, todavía no existía el petróleo.(10)

Francisco de Banda Riba, Tío, describe su juventud a comienzos de siglo de la misma forma en que lo hace Didi. Nació en 1898 en Kent U Zelf, distrito al este, fuera de la ciudad. También tuvo que trabajar desde muy temprana edad. En su relato, Tío define el tiempo malo y el tiempo bueno, tal y como él lo entiende. Destaca, además, el hecho de que, a pesar de la pobreza, las personas se ayudaban unas a otras y esta colaboración mutua era algo de gran importancia en aquellos tiempos difíciles.

Había tiempos buenos y malos. Para nosotros, los que vivíamos en el kunuku [las afueras de la ciudad], el tiempo bueno era el que vivíamos allí, porque trabajábamos en el campo y teníamos un granero, donde guardábamos los frutos de la cosecha. La gente de la ciudad no tenía granero. Obtenía lo que hacía falta cuando el barco venía; salía a comprar lo que iban a comer hoy. Mañana iban a hacer compras o al almacén. Pero, nosotros, que estábamos lejos del kunuku, teníamos granero. Cuando un año llegaba, ya nosotros teníamos comida para dos y tres años. Podíamos no tener lluvias por uno o dos años, pero, a pesar de ello, el tiempo aquel era bueno porque nos ayudábamos unos a otros.(11)

Y continúa diciendo:

A los doce años me retiré de la escuela de Santa Rosa y fui a trabajar a un taller de herraduras en Otrabanda. Había muchachos de mi misma edad que eran de Otrabanda y que iban a la escuela. Ellos aprendían y hablaban inglés, español y todas esas cosas. Nos consideraban siempre a nosotros, que vivíamos en los kunukus, como inferiores. Siempre. Banda Bou era peor. Allí donde había muchachos inteligentes no había escuelas. En el kunuku había mucha gente así, pero no conseguían escuela, aquí en Santa Rosa sólo había hasta cuarto grado.(12)

Francisco critica el sistema en que vivió y, principalmente, el sistema de aprendizaje en los talleres de aquellos tiempos. Según él, este sistema no favorecía el progreso del alumno y sólo constituía una forma de enriquecimiento para los maestros.(13) El sociólogo Römer (1977, 43) aborda de la misma manera la crítica que hace Francisco, afirma, además, que esta deficiencia se extendía a todas las formas de aprendizaje, porque los patrones utilizaban a los jóvenes sin enseñarles mucho y únicamente los más inteligentes aprendían con dicho sistema. Francisco también toca este tema: A los doce años fui al taller de herraduras. Mi mamá me puso allí con don Federico (shon Federico), en Chincho Grandi. Había muchachos de mi misma edad que estaban pelando lará y ganaban ocho plaka [veinte centavos de florín]; luego, mi mamá me mandó con Dotchi. Con 14 años, yo aún no tenía la oportunidad de halar calabazas. En aquel tiempo se construían barcos de vela en Klep. Yo vi cómo hacían los barcos para luego llevarlos al agua. Detrás del barco había algo que permitía manejarlo; había una cosa que coincidía con otra y hacía que el barco se moviera en la dirección que quisieras. Eso estaba hecho de cobre. Teníamos que cargar todos esos aparatos y transportarlos todo el día. El jefe trabajaba para conseguir una cantidad de plata. Pero, cuando llegaba el momento de regresar a casa de mi mamá, me daban apenas un depchi [diez centavos de florín]. No conseguía nada de plata: quiero decir que yo era un hombre fuerte de 14 años y la gente que trabajaba en Klep ganaba un heldu. El único lugar donde se ganaba un florín era en Klep, con los Maduro. En todos los otros lugares se pagaba un yotín. Donde otros shonnan [patrones] como en Santa Catarina, hacia el norte, se conseguía un yotín o cuarenta centavos. Debías sembrar para el patrón, desyerbar y arreglar la cerca pero no hice ese tipo de trabajo. De las herraduras fui a Klep, a comenzar de cargador de carbón para los barcos (el kore ficho).(14)

Content © Rose Mary Allen, 2002 - Copyright © CaribSeek 2002, All Rights Reserved. Web Published: May 2, 2002