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Emigración Laboral de Curazao a Cuba a Principios del Siglo XX: Una Experencia

Por Rose Mary Allen

No mester lubidá bo prinsipio. Bo mester korda bo prinsipio, paso si bo kòrda bo prinsipio, anto bo tin bo konsenshi wardá. Carlos Koeiman

[No debes olvidar tu principio. Tienes que acordarte de tu principio, porque cuando te acuerdas de tu principio, conservas tu conciencia]  

Introducción

Ta Cuba mi ke baiCurazao posee una superficie de 440 kilómetros cuadrados y se encuentra situada cerca de las costas de Venezuela. Es una isla de poca altitud, su punto más alto alcanza los 374.4 metros. En 1634 fue colonizada por Holanda y en 1954 obtuvo su autonomía, por lo que pudo así encargarse de sus asuntos internos.(1) La economía de Curazao se ha basado tradicionalmente en el comercio; ya en los siglos XVII y XVIII se había constituido en centro de comercio de esclavos, cuando éstos eran vendidos en las colonias españolas del área. El suelo de Curazao es árido por la falta de lluvias, por lo que no ha podido desarrollar una economía agraria como otras islas del Caribe. Durante la época de la esclavitud, los escasos cultivos en Curazao no alcanzaron los niveles de otras islas caribeñas que, al poseer un excedente de producción en uno o varios productos, podían destinar dicho excedente a la exportación. Curazao poseía más bien huertos grandes donde se plantaban uno o más productos para el abastecimiento del consumo interno.(2)

La agricultura, pobre por la sequía constante, se limitaba a atender las necesidades internas. Históricamente Curazao fue un puerto libre, a donde podían llegar embarcaciones y comerciantes de cualquier nacionalidad. Por su adecuada posición geográfica la isla funcionó como un centro comercial de donde se exportaban víveres, armas, textiles y herramientas, destinados tanto a las islas y territorios cercanos como al mercado europeo y de los Estados Unidos.

La isla comparte elementos significativos con las demás sociedades caribeñas. Ha conocido muchas migraciones de diferente tipo y envergadura: la colonización proveniente de un poder europeo, traslados represivos de seres humanos de África, movimientos de personas por persecuciones religiosas, migraciones de trabajo, movimientos voluntarios de personas de un lugar a otro (3) y, en la segunda mitad del siglo XX, migraciones a la madre patria en Europa. Cada una de estas migraciones ha producido un determinado efecto y ha influido en el desarrollo de la cultura curazoleña.

Por la influencia que tiene una migración en la sociedad como fuerza innovadora de cultura, muchos han estudiado este tema en el Caribe.(4) En Curazao se han realizado algunos trabajos acerca de las emigraciones ocurridas a lo largo de su historia (Koot, 1979; Paula, 1973). El antropólogo Koot, en su estudio de la migración en el siglo XX a la madre patria, Holanda, realiza también un recorrido histórico por la migración en general (Koot, 1979). Para nuestro estudio es de gran valor la investigación de A. Paula sobre la emigración a Cuba, que se sustenta en la revisión de los documentos oficiales existentes. Paula describe con esta base los obstáculos institucionales de la emigración, así como la reacción del gobierno colonial holandés. El presente trabajo procura sobre todo el testimonio de las personas que sufrieron dicha migración y constituye, por tanto, una ampliación importante de la mencionada obra de A. Paula. Nuestra intención es establecer más directamente el impacto de esta emigración en la vida diaria de los emigrantes, así como también las relaciones y los conceptos que generó.

El método aplicado se denomina historia oral. Muchas veces en la Historia no se escucha la propia voz de las personas y se dedica muy poca atención a la forma en que distintas categorías sociales como obreros y mujeres han vivido su historia. De este mismo modo, a pesar de que la emigración fue un fenómeno común y corriente en la sociedad curazoleña, existen pocos trabajos que nos acerquen a la manera en que los seres humanos sufrieron estas emigraciones. Para el estudio que realizamos tuvimos la suerte de que en el momento de la investigación pudimos entrevistar a sobrevivientes de la emigración. Sus historias fueron analizadas en el contexto socioeconómico de la época en estudio. Para este artículo usamos las historias que mejor reflejan el efecto de la emigración, tal y como nosotros hemos podido establecer a partir de los documentos de archivos. En este sentido reevaluamos y democratizamos la Historia, al dar la palabra a los individuos que con el pasar de los años ésta silenció.

El factor que hace interesante la emigración de Curazao a Cuba es que fue muy variada en cuanto a las diferencias de clase entre los propios emigrantes: fue una emigración de la clase pudiente y de la clase trabajadora. (5) Algunos miembros de la clase alta de Curazao como los judíos y los blancos protestantes (6) ya habían emigrado a Cuba a finales del siglo XIX y principios del XX y, en ocasiones, habían comprado fincas en Cuba (Paula, 1973, 41). Muchas veces emigraron padre, madre e hijos; incluso, se llevaban a sus criadas, nodrizas y cocineras. Podemos decir, entonces, que algunas mujeres de la clase trabajadora de Curazao también participaron.

La emigración de la clase trabajadora se caracteriza por ser individual con hincapié en el sexo masculino. En esencia, muy pocas veces los hombres emigraron con sus compañeras, esposas e hijos y en cambio se dio el caso de que partieran el padre con sus hijos varones, hermanos, tíos y sobrinos, todos juntos. En gran medida, esta fue una emigración de trabajo de hombres que esperaban ganar mucho dinero por cortar caña en Cuba y así mejorar su vida en el lugar de origen. Lamentablemente, fueron numerosas las veces que no alcanzaron sus metas y anhelos; asimismo, hubo otros que confiaron en salir a trabajar por un tiempo limitado y regresar, sin poderlo hacer.

Si comparamos en términos totales, la emigración de curazoleños, bonerenses (procedentes de Bonaire), arubanos (procedentes de Aruba) y de San Martín - o, como decían en Cuba, sencillamente los holandeses - con el número de haitianos y jamaicanos que emigraron a Cuba, el número de curazoleños no fue tan grande. Cuando los libros hablan de la emigración a Cuba, apenas mencionan a los emigrantes holandeses (Benítez, 1976; Damoulin, 1980; Guerra, 1976; Jenks, 1970; Tabares del Real, 1975; Álvarez Estévez, 1988). En Curazao, sin embargo, este fue un acontecimiento que causó mucha inquietud y sigue preocupando a muchos entendidos en la materia. Los periódicos locales de aquel tiempo publicaron con regularidad noticias y avisos sobre la emigración, como cartas enviadas por los hombres de Curazao a su país o relatos sobre los problemas encontrados en Cuba, etcétera. Durante los periodos culminantes, los hombres que regresaron con plaka di kuba (plata de Cuba) dieron mucha importancia a este hecho por considerarlo un gran logro. Hasta muchos años después esta emigración continuó siendo muy comentada y no sólo en las familias con emigrantes de los cuales no se sabía nada. La atención actual hacia Cuba demuestra claramente cómo dicha emigración se encuentra viva y presente en la vida de una gran cantidad de personas.

El éxodo a Cuba tuvo un impacto directo en la sociedad curazoleña, en primer lugar, por el gran número de hombres que salieron. Algunos de ellos fueron después a los Estados Unidos en calidad de trabajadores de los barcos y a veces permanecieron allá. Las pocas industrias que por aquel entonces había en Curazao sintieron muy pronto la escasez de trabajadores y sus dirigentes protestaron ante la partida tan numerosa de hombres de Curazao. Las estadísticas muestran que, desde la primera salida, en 1917 y hasta 1920, salieron de Curazao para trabajar en Cuba un total de 2 300 hombres. En 1919 la emigración estaba en su apogeo y, en ese año, de un total de población masculina de 14 136 personas, 1 405 hombres se marcharon a Cuba; esto indica un número representativo de la población laboral masculina curazoleña en aquellos años.

La partida de tantos hombres trajo como consecuencia un doble trabajo para las mujeres que quedaron atrás. Muchas fueron a buscar ayuda del gobierno para averiguar el paradero de sus esposos; también se dio el caso de mujeres que fueron a Cuba, pero el número no lo conocemos con exactitud (Renkema, 1981a, 158; Van Soest, 1977, 20). Algunas de ellas dejaron a sus hijos al cuidado de las abuelas y nunca más regresaron a su isla natal.(7)

En cuanto a la cultura, la emigración significó cambios en algunos terrenos como la música y la medicina popular, principalmente; también, en menor grado, influyó en la conciencia de clase. Cabe recalcar la manera en que la música cubana se conoció en todo Curazao después del éxodo a Cuba. El desplazamiento a Cuba desde Curazao a principios del siglo XX se explica por causas económicas; fue impulsado por la penetración y expansión industrial, política y económica de los Estados Unidos en el Caribe. Cuba constituía la capital monopolista norteamericana de aquella época como resultado del auge de la industria azucarera. El efecto en el sector económico se extendió también sobre una gran parte de las islas del Caribe y como consecuencia del traslado a Cuba de personas de otras islas, que vivían en condiciones socioeconómicas desfavorables como la pobreza, el hambre, la inseguridad, el desempleo y el subempleo y, lógicamente, eran atraídos por la perspectiva de un mejor empleo y salario. Cuando los hombres salieron por primera vez de Curazao hacia Cuba, en 1917, gran parte de la población local vivía en una extrema pobreza. Habían pasado apenas 54 años desde que alrededor de 5 498 personas, antes esclavas, recibieran por fin su libertad jurídica. Gran parte de los emigrantes a Cuba eran descendientes de este grupo o de quienes ya eran libres antes de 1863, sin embargo, seguían viviendo en situaciones económicas deplorables.

Todavía a principios del siglo XX en Curazao, la pertenencia a una raza y a una cultura determinaba la posición social en la escala jerárquica de un grupo. Las ideologías racistas y colonialistas de entonces continuaban marcando a las personas, que habían sentido en carne propia las consecuencias de condiciones geográficas tan adversas como el clima árido y la ausencia de lluvia. Atrevernos a decir por qué tanta gente emigró a Cuba para trabajar es también atrevernos a descifrar el significado que tuvo para una masa determinada de personas un medio siglo de libertad luego de haber sobrevivido inmersos en una gran pobreza. También habría que investigar las consecuencias de la situación descrita.

Esta segunda cuestión es, justamente, la que nos lleva a reevaluar las teorías macroeconómicas. Estos acercamientos explican que la emigración es causada solamente por factores externos, abstractos e impersonales y descuidan las motivaciones del emigrante (la percepción propia sobre la emigración y el valor que se le da a este fenómeno). En su estudio referente a la migración en el Caribe, Elizabeth Thomas-Hope dice que hay otros motivos como la percepción y la noción de que por medio de la migración puede solucionarse la falta de trabajo y huir de la pobreza. Las ideas que un pueblo tiene acerca de la emigración están influidas también por el hecho de estar acostumbrado a semejante fenómeno como estrategia de supervivencia (Thomas-Hope, 1992).

Curazao conoció, antes del éxodo a Cuba, salidas a diferentes lugares de Suramérica y el Caribe. Muchas tuvieron lugar durante periodos de pobreza, en los que la gente se vio obligada a abandonar nuestra isla en busca de un mejor futuro. En ocasiones no tuvieron éxito: las personas que emigraron encontraron muchos problemas durante su permanencia en el sitio escogido. Consecuentemente, a pesar de haber salido con una meta económica y social muy racional de buscar una mejor oportunidad de vida, el resultado no siempre fue el esperado, y estas personas se vieron defraudadas.

El gobierno, por su parte, no hizo nada para impedir la emigración, pues consideraba los beneficios que se podían obtener, como la oportunidad de trabajo, que no existía en Curazao y, por otra parte, podía ser una fuente de entradas económicas para los que quedaban atrás. Este estudio se ha realizado desde una perspectiva microeconómica y dentro de un contexto macroeconómico, para así investigar las condiciones históricas y económicas en que tuvo lugar la emigración. El trabajo enfoca, sobre todo, a la clase trabajadora, personas que se vieron obligadas a partir por fuerzas internas y externas y que, dentro de las pocas posibilidades con que contaban para desarrollarse, lucharon con ardor por su supervivencia y salieron a Cuba. La serie de dificultades y obstáculos y las soluciones que los emigrantes encontraron a sus propios problemas muestran cómo estas personas no fueron víctimas de su historia sino que, más bien, actuaron como agentes del proceso histórico.  

La Situación Socioeconómica de Curazao a Finales del Siglo XIX y Comienzos del XX

Si tú no la pasas mal, tú no sabes lo malo que está (8)

Hemos visto que la isla tenía una tradición de emigrar a países vecinos. La causa principal de este fenómeno está casi siempre relacionada con las malas condiciones socioeconómicas de Curazao en cada momento. Cabe preguntarnos ahora, si esta misma causa es también aplicable a la emigración hacia Cuba. La situación socioeconómica de Curazao a principios del siglo XX era muy penosa. La clase obrera era la principal afectada, ya que se encontraba en una posición laboral de total dependencia. Los obreros fueron los primeros en sentir las consecuencias de una situación económica desfavorable en la sociedad lo que, desde luego, venía dándose desde la época de la esclavitud. Ya durante el siglo XIX, la continua sequía había ocasionado un fuerte impacto en la vida diaria de los esclavos, puesto que no recibieron el alimento apropiado, acorde a las reglas decretadas. Muchas veces durante estos periodos de sequía los esclavos fueron liberados, se pretendía así eliminar la responsabilidad de los patrones para con ellos. También los patrones, después de una mala cosecha, se veían obligados a vender algunos de sus esclavos en el exterior para conseguir entradas económicas. Así, con el dinero recibido podían comprar alimentos para los demás esclavos (Renkema, 1981a, 182). El gobierno no siempre toleró estas prácticas y emitió periódicamente leyes para prohibirlas. Sin embargo, en el siglo XIX, o para ser más exactos, desde 1819 hasta 1847 se exportaron oficialmente no menos de 4,000 esclavos a otros países cercanos. Además de esta actividad, se acostumbraba poner en libertad a los esclavos y se les permitía trabajar en el exterior bajo condiciones extremadamente malas (Renkema, 1981b, 189). En 1863, luego de la emancipación, un periodo de sequía afectó profundamente a la clase popular. Las consecuencias fueron notorias, en especial para los distritos localizados fuera de la ciudad, donde la gente dependía en gran medida de la agricultura. Fueron esos mismos distritos los que, ya entrado el siglo XX, resultaron más afectados por la pobreza (Dekker, 1982, 45). La alarmante situación socioeconómica de estos distritos fue dibujada por un miembro socialista del parlamento holandés, un tal H. van Kol, que visitó Curazao y las otras islas de las colonias holandesas en 1903.(9) Por aquellos años, la agricultura seguía siendo la hijastra del gobierno y no producía casi nada para la economía. Los principales sectores económicos de la isla eran el comercio y la navegación, y muy pronto los hombres encontraron problemas en los sitios acostumbrados de trabajo (Van Soest, 1977, 58).

Las consecuencias para las familias pobres fueron el hambre, los problemas de salud que no se hicieron esperar y la consiguiente elevación de la tasa de mortalidad entre los niños y los ancianos (Dekker, 1982, 58). Sin embargo, la economía se recuperó entre 1910 y 1915 gracias al desarrollo experimentado por las economías caseras y por el orientado a remediar los problemas que había con la agricultura (Van Soest, 1977, 58).

No obstante, la gente que vivía en las afueras de la ciudad y que dependía en gran medida de la agricultura continuó en una situación deplorable. En 1984, cuando entrevisté a Didi, tenía 80 años. Nació en Banda Bou, de padres agricultores. Banda Bou es una zona rural al oeste de la isla, en donde vivían casi la mitad de los 30 000 habitantes de Curazao a principios del siglo XX. Didi era el tercero de diez hijos; a los ocho años iba a la única escuela de Wespen, junto con los niños de los vecindarios colindantes como Kenep, Lagun, Sabaneta y el propio Wespen. Su familia era muy pobre y, a pesar de que aprendió bien y de que siempre fue el número uno o el número dos de la clase, no pudo continuar sus estudios por la pobreza y debió trabajar desde muy joven.

Me fui de la escuela a los doce años. Si quería seguir en la escuela debía ir a la ciudad: Punda. Pero ¿quién tenía plata para pagar? Entonces, comencé a trabajar. Cargaba agua desde Kenepa y la llevaba a Shirishé. Apenas llegaba con el balde lleno de agua, enseguida lo tomaban y se la bebían. Tenía que volver otra vez. Todo el día debía cargar agua; ese era mi trabajo. Ganaba un yotín [cincuenta centavos por semana]. Además, recibía un kana [casi un kilogramo] de harina por semana pero tenía una cosa clara: mi mamá estaba contenta con el yotín que ganaba por semana. El yotín no era mío, era de mi mamá. No era como sucede con los muchachos de ahora; mi mamá se alegraba el sábado al recibir el yotín que yo ganaba cada semana.

Didi desempeñó diferentes trabajos para sobrevivir antes de ir a Cuba.Cada uno era una manera de ir hacia delante y poder ganar más. Didi prosigue su historia y relata: Cuando crecí un poco más, empecé a trabajar cerrando cercas. Después de un tiempo, trabajé para un árabe y entonces ganaba cuatro heldu (florines) por mes. El árabe iba conmigo; caminábamos a pie hasta Banda Riba. La gente trabajaba allí haciendo sombreros. El árabe me llevaba a su lado y yo sostenía todos los sombreros que él compraba. Si me hubieras visto de frente, no me hubieras reconocido porque mi cara estaba tapada por los sombreros. Cuando llegaba a la casa ponía los sombreros en el suelo. Entonces terminaba los sombreros: jalaba, cortaba y remataba las pajas de cada sombrero. Había veces que a las once y a las once y media todavía remataba los sombreros. Después del árabe me fui a trabajar a Klep, de kore ficho, cargando carbón para los barcos. Mi trabajo consistía en llenar canastos grandes con carbón. Me pagaban un centavo por canasto. Debías cargar cien canastos para conseguir un florín. El carbón se obtenía en Klep, luego debías llenar el canasto y cargarlo hasta llegar al barco para ahí vaciarlo. El barco necesitaba de carbón para sus máquinas; solamente había carbón, todavía no existía el petróleo.(10)

Francisco de Banda Riba, Tío, describe su juventud a comienzos de siglo de la misma forma en que lo hace Didi. Nació en 1898 en Kent U Zelf, distrito al este, fuera de la ciudad. También tuvo que trabajar desde muy temprana edad. En su relato, Tío define el tiempo malo y el tiempo bueno, tal y como él lo entiende. Destaca, además, el hecho de que, a pesar de la pobreza, las personas se ayudaban unas a otras y esta colaboración mutua era algo de gran importancia en aquellos tiempos difíciles.

Había tiempos buenos y malos. Para nosotros, los que vivíamos en el kunuku [las afueras de la ciudad], el tiempo bueno era el que vivíamos allí, porque trabajábamos en el campo y teníamos un granero, donde guardábamos los frutos de la cosecha. La gente de la ciudad no tenía granero. Obtenía lo que hacía falta cuando el barco venía; salía a comprar lo que iban a comer hoy. Mañana iban a hacer compras o al almacén. Pero, nosotros, que estábamos lejos del kunuku, teníamos granero. Cuando un año llegaba, ya nosotros teníamos comida para dos y tres años. Podíamos no tener lluvias por uno o dos años, pero, a pesar de ello, el tiempo aquel era bueno porque nos ayudábamos unos a otros.(11)

Y continúa diciendo:

A los doce años me retiré de la escuela de Santa Rosa y fui a trabajar a un taller de herraduras en Otrabanda. Había muchachos de mi misma edad que eran de Otrabanda y que iban a la escuela. Ellos aprendían y hablaban inglés, español y todas esas cosas. Nos consideraban siempre a nosotros, que vivíamos en los kunukus, como inferiores. Siempre. Banda Bou era peor. Allí donde había muchachos inteligentes no había escuelas. En el kunuku había mucha gente así, pero no conseguían escuela, aquí en Santa Rosa sólo había hasta cuarto grado.(12)

Francisco critica el sistema en que vivió y, principalmente, el sistema de aprendizaje en los talleres de aquellos tiempos. Según él, este sistema no favorecía el progreso del alumno y sólo constituía una forma de enriquecimiento para los maestros.(13) El sociólogo Römer (1977, 43) aborda de la misma manera la crítica que hace Francisco, afirma, además, que esta deficiencia se extendía a todas las formas de aprendizaje, porque los patrones utilizaban a los jóvenes sin enseñarles mucho y únicamente los más inteligentes aprendían con dicho sistema. Francisco también toca este tema: A los doce años fui al taller de herraduras. Mi mamá me puso allí con don Federico (shon Federico), en Chincho Grandi. Había muchachos de mi misma edad que estaban pelando lará y ganaban ocho plaka [veinte centavos de florín]; luego, mi mamá me mandó con Dotchi. Con 14 años, yo aún no tenía la oportunidad de halar calabazas. En aquel tiempo se construían barcos de vela en Klep. Yo vi cómo hacían los barcos para luego llevarlos al agua. Detrás del barco había algo que permitía manejarlo; había una cosa que coincidía con otra y hacía que el barco se moviera en la dirección que quisieras. Eso estaba hecho de cobre. Teníamos que cargar todos esos aparatos y transportarlos todo el día. El jefe trabajaba para conseguir una cantidad de plata. Pero, cuando llegaba el momento de regresar a casa de mi mamá, me daban apenas un depchi [diez centavos de florín]. No conseguía nada de plata: quiero decir que yo era un hombre fuerte de 14 años y la gente que trabajaba en Klep ganaba un heldu. El único lugar donde se ganaba un florín era en Klep, con los Maduro. En todos los otros lugares se pagaba un yotín. Donde otros shonnan [patrones] como en Santa Catarina, hacia el norte, se conseguía un yotín o cuarenta centavos. Debías sembrar para el patrón, desyerbar y arreglar la cerca pero no hice ese tipo de trabajo. De las herraduras fui a Klep, a comenzar de cargador de carbón para los barcos (el kore ficho).(14)

La Agricultura y el Pago del la Tierra

El problema fundamental de la agricultura estaba relacionado con los espacios para el cultivo; había carencia de terrenos destinados a la labor agrícola y a la construcción de casas. El problema de la tierra existía ya antes de la emancipación de los esclavos en 1863, y algunos de los antiguos esclavos continuaron, luego de su libertad, viviendo en las plantaciones, bajo el sistema de paga-tera, sistema semifeudal, conforme el cual podían permanecer ahí con una parcela para vivir, plantar y a veces tener ganado como cabras, gallinas y puercos. Con el incremento de gente libre en Curazao, luego de la emancipación, aumentó también la demanda de parcelas de tierra. La escasez de terrenos fértiles y libres negaba la posibilidad de subsistir en calidad de agricultores independientes y producir, al menos, lo esencial para el consumo propio como por ejemplo el maíz, alimento muy importante desde los tiempos de la esclavitud; durante aquel periodo el trabajo de los esclavos se basaba fundamentalmente en el cultivo, cuidado y cosecha de este grano.(15)

Después de la emancipación, algunos antiguos esclavos siguieron viviendo en las plantaciones bajo el mismo sistema de paga-tera. A cambio, tenían que hacer trabajos para el dueño, como cultivar su tierra, cortar leña, quemar carbón y otras labores. En algunas plantaciones se destinaba un cierto número de días durante la temporada de plantar hasta la cosecha de maíz16 en los que los antiguos esclavos tenían que laborar para el dueño, sin recibir salario alguno. Durante el resto de los días obtenían un pago consistente en un kilo de harina de Shorgum vulgare o de maíz, además de algunos centavos. Esta forma de vivir continuó a veces como una tradición de generación en generación hasta que algunos de sus descendientes conseguían un terreno del gobierno para dedicarlo a la agricultura y a la construcción de su casa.

A primera vista, este sistema de paga-tera parece ser un sistema de dependencia mutua, que beneficiaba tanto al dueño como a los antiguos esclavos, pues permitía a los dueños de las plantaciones contar con una fuerza de trabajo durante el periodo más arduo de trabajo en el año. La escasez de obreros y la consiguiente elevación de los salarios fue una de las angustias y preocupaciones principales entre los dueños de las plantaciones, luego de la emancipación de los esclavos (Renkema, 1981a, 150). En este sistema los dueños de las plantaciones no tenían ninguna obligación de alimentar y vestir a los, ahora, obreros libres como antes lo hacían durante la esclavitud. Para los antiguos esclavos este sistema significó, al menos, el beneficio de contar con un terreno propio para su vivienda y para la obtención de sus alimentos. El problema del agua potable, tan serio en la isla, se solucionó afortunadamente para quienes les fue permitido usar el agua de los pozos de las plantaciones.

Didi también vivió bajo este sistema. Recordaba con mucha claridad el problema del agua cuando era niño y cómo fue que lo resolvieron: Cuando volvía de la escuela, mi mamá me mandaba a sacar agua del tanque. Mamá me decía: "Anda a sacar un poco de agua y te espero con un poquito de maíz tostado". Iba contento, porque así tenía la oportunidad de conseguir maíz. Las vacas del patrón bebían agua del tanque y caminaban por el medio, pero luego se detenían para orinar. Por eso, muchas veces, cuando sacaba el agua veía que ésta tenía un color casi verde. ¡Qué dolor! Algo así no pasaría ahora. Yo decía en la casa que mi difunto papá me enseñó a cortar kadushi (cactus, Cereus rebandus) y a ponerlos junto con el agua y seguir moviendo y moviendo. El cactus chupaba todo lo sucio del agua y así quedaba el agua limpia para poder beber. Esa era la única manera de tener agua. No había otra forma. Sin embargo, había un pozo dentro de la cerca del patrón. Todo lo que estaba dentro de la cerca era del patrón y no podías decir nada tampoco. Bueno, después que las cosas se pusieron peor, fuimos a pedir al patrón que nos dejara coger un poco de agua. Habíamos hecho una tina fuera de la cerca para que la gente pudiera ir a coger el agua. Pero había veces en que hacía buen tiempo y el viento no soplaba muy fuerte y encontrabas a diez personas paradas allí haciendo fila para poder llevarse un poco de agua. ¡Fíjate! Si tú no la pasas mal, tú no sabes lo malo que está. Ahora yo sé cómo son las cosas, pero cuando estábamos pasando por todo aquello, no nos dábamos cuenta.(17)

Las personas que como Didi vivían bajo este sistema -a cambio de algunos privilegios como el uso de terrenos y de agua potable-, debían estar listos a toda hora para lo que el dueño ordenara, aunque hubiesen encontrado otro trabajo con mejor salario que el que podían obtener viviendo en la plantación. Didi demostró también que cuando las personas se unían, podían cambiar las cosas.

Como las plantaciones no tenían trabajo todo el año, los obreros se veían obligados a buscar trabajo en otra parte. Chelu (entrevistado en 1984, a la edad de 82 años) también hizo hincapié en el hecho de que siempre debía estar listo para hacer los trabajos del patrón, quien no tomaba en cuenta el deseo y las aspiraciones de las personas que vivían en su campo o kunuku:

Mi papá estuvo viajando a bordo del Flambechi, del Zulia, del Caracas y del Maracaibo. Él hacía viajes a Maracaibo, Caracas y los Estados Unidos; ganaba un ría [quince centavos] por hora. En ese tiempo era mucho. Cuando llegó el fin de año el patrón me dijo: "Tu papá no está aquí". Yo tenía ocho años (había nacido en 1898) y en ese entonces iba a la escuela. Entonces bajé y mi mamá me dijo: "Hijo, tienes que ir a Punda, anda a ver si encuentras a Pachi". Salí y me fui, no podría ir ya más a la escuela; entonces lloré. Tenía voluntad para aprender pero no había nada que hacer. Luego fui a Punda y cuando llegué me dijeron: "Tu papá salió hace ya muchas horas, él dejó cosas con Chiné en la calle Hanchi de Punda". Chiné vendía cosas. Fui donde Chiné y él me dijo: "Tu papá dejó este atado para ti". Él dejó tres plaka para mí. Con esas tres plaka yo compré un plaka de queso y dos panes para mi camino de regreso a casa. Salí a pie después del mediodía. Llegué a casa. Al día siguiente vi al patrón que me dijo: "¡Oh!, ¿Adol no viene?" No, él se fue al mar. Todos los años él (mi papá) tenía que estar, ¿no? todos los años iba a trabajar. El día que el patrón quería, ese día tenía que quedarse sin ir a Punda. Él trabajaba con mi abuela. Mi papá cogía la olla de funchi con la comida y la ponía en la carreta y se la llevaba. Mi abuela prendía la candela; hacía café para todos los trabajadores que venían. Había 40 hombres que trabajaban para el patrón. En el día de sembrar, de plantar, encontrabas mucha gente que sembraba y plantaba.(18)

Chelu explicó que en este trabajo no había distinción de sexo y de edad; las mujeres y los niños tenían que ayudar en la agricultura. Chelu recordaba muy bien la forma en que la gente se rebelaba en contra del sistema; así lo hizo la joven, de la que habla en el siguiente relato:

Las mujeres, los muchachos, las jovencitas que vivían en el kunuku, todos tenían que salir a plantar para el patrón. Todos. Muchachos de 12, de 15 años, mujeres y hombres. Todos tenían que plantar. Todos. Se pagaba un ría por día. Cuando ibas a plantar maní, llenabas tu delantal, hacías dos huecos y ponías el maní dentro. Así después podías tener maní para hacer pan seiku [dulce de maní] y al menos podías venderlo por una plaka, ya que el patrón no te pagaba nada por trabajar. Había una muchacha que dijo: "Yo sí voy a plantar pero uno para mí, uno para el patrón; dos para mí, uno para el patrón". Ella llenó su delantal y lo llevó a su casa y allí lo vació. El papá, al ver esto dijo: "¿Qué has cogido ahora?" Ella contestó: "Hoy he cogido dos canas". Ella debía comprar sólo el azúcar y hacer un dulce grande de maní para venderlo en un plaka. Sí, ella tenía buena cabeza. Ella decía: "El patrón no me paga. Un ría me daba el patrón. Si trabajaba hasta mediodía ganaba tres plaka, un pinchi de harina y un pinchi de maíz, entonces tenía que coger de lo suyo". Eso no estaba mal, estaba bien, porque el patrón era el abusador del kunuku. Resulta que el patrón estaba en contra de mi papá. Aunque el patrón vivía con mi tía, la hermana de mi mamá, pero él no tenía consideración con nosotros. Él nos sacó de su kunuku. Ahora, esas cosas ya no se dan. El patrón mismo tiene que plantar. El doctor da Costa Gómez,19 que en paz descanse, dijo que el kunuku no es del patrón, el kunuku es del pueblo. El doctor da Costa Gómez implantó una buena creencia. Él puso a Curazao en acción.(20)

Por otra parte, el derecho que los dueños pretendían tener sobre el trabajo de los obreros, se extendía hasta sus hijos, aun cuando fueran a la escuela; así limitaban su desarrollo en la educación. Koenraad, quien creció en Siberia a comienzos de este siglo, nos cuenta lo que tuvo que hacer para quebrar el círculo vicioso de este sistema:

Me crié en Siberia hasta que tuve los 17 años. Nací en 1896 en Zakitoki. Mi papá era cochero. Él manejaba la carreta y llevaba a los curas desde el hospital hasta Domi, y ese tipo de cosas. Sucedió que mi mamá murió. Después que murió mi mamá, mi abuela me llevó a Siberia, Banda Bou. Mis dos hermanas fueron a Habai en Welgelegen. Mis dos hermanos mayores se quedaron con papá. A mí, que soy el menor, me tomó mi abuela el mismo día en que enterraron a mi mamá. Entonces, fui a Siberia, más o menos cuando tenía cinco años. Después que cumplí 17 años regresé a Wishi, a la casa de mi papá. Como comencé a darme cuenta de las cosas, mis abuelos buscaron una oportunidad de enviarme a Punda para que fuera a aprender con mi papá. Entonces, subí y me fui allí, porque las cosas que el patrón quería hacer conmigo, no me gustaban. No me gustaban, no me gustaban. Todos los muchachos de mi edad fueron a Punda por estas mismas cosas. Sólo yo me había quedado con mis abuelos allá abajo. Entonces, subí y fui a donde mi papá. En Siberia existía el sistema de pagar la tierra. Había que pagar la tierra y, por esto, tenías que trabajar en el kunuku del patrón. Así te daban un kana de maíz con un depchi. Un depchi son diez centavos.

Tenías que trabajar tres días para el patrón, tres días por cada año que vivías en el terreno del patrón. El día en que te tocaba trabajar y con el que pagabas la tierra, obtenías una kana de harina y un depchi, o una kana de maíz con un depchi. El depchi te servía para comprar algo más y comerlo junto con el funchi. Así era el trabajo que había en el kunuku. Los trabajos que yo había visto hacer a mis abuelos eran trabajar con el azadón en el kunuku, arreglar la cerca cuando hay que cerrarla y esas cosas. Los dueños de los kunuku te daban trabajo para que así pudieras pagar la tierra. Yo era un muchacho y trabajaba para ellos en Siberia, pero cuando me dijeron que también tenía que cuidar sus cabras no me gustó. Entonces le dije al patrón: "¡Dios me libre!" Así me busqué un problema con ellos y les dije que no me quedaba más en el kunuku. Esa misma semana subí y cogí mi camino y fui a donde mi papá allá, arriba de Wishi.(21)

Las personas que vivieron bajo este sistema describen cómo este régimen de trabajo perpetuó la situación desigual existente durante la esclavitud y cómo la emancipación no significó en absoluto la igualdad entre las razas y las clases. Ello encontró también reflejo en la actitud de los dueños de las plantaciones hacia la gente que permaneció trabajando y viviendo en sus terrenos. Muchos alzaron su voz de protesta contra tal situación; así lo hizo Tokaay:

Los dueños de las plantaciones nos trataban con menosprecio porque éramos pobres. Sí, porque éramos pobres. Eso no era algo de Dios, sino algo que habían decidido ellos mismos. Nos castigaban, hablaban en mala forma con nosotros. Teníamos que permanecer sumisos. Ellos tenían que dominarnos. Así era esa gente. Se comportaban como gente que nunca iba a morir, que nunca quería morir e irse de este mundo.(22)  

La Agricultura - Las Sabanas

Las otras personas que lograron conseguir parte de las llamadas sabanas -terrenos no fértiles-, eran sometidas a muchas dificultades por parte de los dueños de las plantaciones, que querían seguir haciendo uso del derecho de pastizaje, aun cuando las sabanas estuvieran habitadas. También sus animales pastaban en los kunukus cultivados y en uso por los libertos de las cercanías -lo hacían después que los hombres habían cosechado las mazorcas de maíz-. Los habitantes de esas sabanas, por lo general, no podían defender sus derechos, ya que habían obtenido la tierra sin ningún documento o directamente de los dueños de las plantaciones, lo cual tampoco tenía validez pues estos últimos no eran los propietarios de las sabanas (Renkema, 1981a, 146-149). Estas molestias de parte de los dueños de las plantaciones iban también acompañadas por leyes discriminatorias emitidas por el gobierno colonial y que, como ya hemos visto, se basaban en el prejuicio de que el negro era ladrón. De este modo, después de la emancipación, se entronizaron muchas exigencias con el objetivo de prever la práctica del hurto por parte de los negros. Una de estas leyes decretó, por ejemplo, que para el transporte de productos agrarios en la vía pública se necesitaba un papel firmado por los dueños de la plantación. Había que mostrar este documento en los puestos de control cuando se iba a la ciudad a vender mercancías. Además, había que presentarse ante el comisario del distrito encargado de vigilar las actividades de la clase popular en el campo para buscar una planilla y poder vender las mercancías cada vez que se iba a la ciudad. Asimismo, se medía y registraba la capacidad productiva de los kunukus, por lo que sus dueños no podían recibir más papeles de transportación de los que habían sido previamente valorados (Renkema, 1981a, 156-157). Esta exigencia constituía, sin duda, una limitación para el progreso económico de la clase popular, porque al vender el exceso de su maní, frijoles, maíz, etcétera, las familias recibían una suma adicional usada para adquirir, entre otros, productos como aceite, harina, azúcar, tabaco o ron, o bien se producía un intercambio de productos o de productos por servicios.

Algunos de los habitantes de las sabanas practicaron el sistema de paga-tera para tener un terreno que cultivar. Entonces, construían sus casas en las sabanas y conseguían la parcela de la plantación para obtener sus cultivos. Esa gente también lo hizo dentro del sistema de paga-tera, pero fueron menos vulnerables en comparación con los demás que sí vivieron en este sistema en las plantaciones. A veces tenían otra fuente de entrada como la pesca.

Tokaay describió cómo vivió en este sistema antes de ir a Cuba en 1919: Trabajaba pagando la tierra. El paga-tera en el lugar de Sabaneta; debía trabajar dos días: miércoles y jueves. La gente de nosotros, aquí en Wespen, que tenía un kunuku trabajaba para el shon durante un día y lo hacía cada ocho días. Así pagabas el derecho a la tierra. Mi papá también trabajaba en una plantación. Trabajaba desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde por 30 centavos. Desde las seis hasta las seis. Recibía 30 centavos y un kilo de harina de sorgo.(23)

Otras Alternativas de Trabajo

El trabajo en las salinas

Las diferentes minas de sal en Curazao constituyeron un trabajo alternativo; tenían una producción de 117,500 barriles por año.(24) Y la producción más alta fue en un año de sequía. Las minas de sal más grandes eran San Nicolás, con una producción de 26 000 barriles por año; Santa Marta Grande, 20,000 barriles; Jan Kok, 16 000 barriles; Hermanos, 14,000, y Rif, 12,000 (Van Soest, 1977, 34). En 1989, en el momento de la entrevista, Clemens tenía 82 años; había trabajado desde los 18 hasta los 20 años en la mina de sal de su barrio:

Nos levantábamos a las tres de la madrugada. Mientras más temprano mejor. Así gozábamos del aire fresco. A las ocho de la mañana dejábamos el trabajo. Regresábamos a las cuatro de la tarde. Si había luna llena nos quedábamos hasta las once de la noche porque en la oscuridad es difícil coger sal. Teníamos que excavar hasta llenar un cesto. No debías llenar el cesto completo, porque hay que dejar un espacio para que el agua salga. Debes dejar salir el agua. Después desocupas el cesto y haces un montón. Podías ganar cinco plaka por un barril. Había barriles de 80 centímetros y de 120 centímetros. Había una persona que cavaba con un pico, luego yo sacaba y llenaba el cesto. Luego nos repartíamos el dinero.(25)

El Kore Ficho

Algunos habitantes del campo emigraron a la ciudad después de la emancipación. Allí podían ganarse la vida haciendo trabajos como cargar carbón para los barcos; ya hemos visto anteriormente los testimonios de Didi y Francisco al respecto. En aquel tiempo, Curazao tenía dos compañías dedicadas al transporte de carbón, procedentes de Estados Unidos e Inglaterra. Los barcos de vapor que hacían escala en el puerto se abastecían de carbón; primero el carbón era depositado junto al muelle y de allí debía ser transportado en canastos a los tinglados ubicados cerca de los barcos. Cuando un barco quería hacer su provisión de carbón, los obreros lo cargaban de los tinglados al barco (Van Soest, 1977, 96).

En el siguiente relato, Francisco ofrece algunos detalles de su trabajo en la compañía abastecedora de carbón para los barcos. Esta compañía era, en aquel entonces, la más grande y mejor organizada de su ramo. La cantidad de carbón sacada por ella se incrementaba constantemente. En 1902 se sacaban 120 toneladas por hora, en 1910, 142 toneladas y en 1914, 174 toneladas por hora (Van Soest, 1977, 95-96):

Yo cargaba carbón para los barcos, era kore ficho. En aquel tiempo los vapores funcionaban con carbón, nada de petróleo. Carbón stein un pedazo de carbón negro, negro. A las seis se abría la bodega en Motete. Al abrir la bodega, cada quien cogía su canasto. Tú cogías tu canasto y lo llenabas con carbón stein. Luego subías la rampa y lo vaciabas en el vapor. Conseguías un locha, que era plata falsa. Plata falsa, porque la locha no tenía valor. Cuando terminabas de trabajar te cambiaban las lochas por plata. Por cada canasto de carbón que llenabas y llevabas a vaciar en el vapor te daban una locha que te cambiaban por un centavo; de esa manera conseguías un centavo. Si llevabas cien canastos, conseguías un heldu o florín. Cuando el vapor se iba, podías cambiar la locha por plata. Podías llenar 100 canastos por día. Había gente que llenaba hasta 200 canastos por día.(26)

La compañía abastecedora de carbón para los barcos daba trabajo a gran parte de la población. De 200 a 300 hombres subían y bajaban corriendo con los canastos cuando había mucho trabajo (Van Soest, 1977, 96). Francisco nos sigue contando cómo era el trabajo con tanta gente:

Había palas, pero no se podía trabajar más rápido, porque cuando te encontrabas con un montón alto tenías que meter la pala en el medio y empujar el carbón con tu propia mano, así lograbas hacerlo más rápido. No había suficientes palas para toda la gente y por eso todos se empujaban para conseguir una y en ese apuro algunos caían a un lado, al agua. Sobre la tabla había mucha gente con canastos al hombro. Tú levantabas la canasta y la ponías sobre tu hombro. En unos momentos todos estaban manchados de carbón y se iban negros, negros. Cuando comías un poco de pan, hombre, ¡Dios nos guarde! Tus labios estaban negros, tus manos también, todo estaba tiznado de carbón, y tú debías comer, aunque todo tenía sabor a carbón. Gracias a Dios, la gente de aquel tiempo no se enfermaba como hoy en día, ahora en este tiempo todos son más delicados. Cuando eras cargador de carbón para los barcos (kore ficho) no escuchabas más que cantar. El canto te animaba a trabajar. Todos nosotros cantábamos la misma canción. Una canción popular que pone la énfasis sobre la fuerza masculina, era:

Gengu macho t'ami T'ami mes o t'ami mes Gengu macho t'ami Unbe m'a bai, m'a bolbe

Traducción: Gengu macho soy yo Sí soy yo, soy yo mismo Gengu macho soy yo Rápido fui y volví.(27)

Francisco recuerda la primera vez que cargó carbón como si fuera el día de hoy:

El día en que cargabas por primera vez, ¡Jesús! Mi espalda se raspó. Debajo de la camisa llevaba ropa interior, y cuando levanté el canasto sobre mi espalda, ésta me raspó. Así que mejor me quité la camisa y la tiré a un lado. Ellos me dijeron: "Amárrate una ropa sobre tu hombro y así cargas el canasto sobre tu hombro". Cuando me amarré la ropa sobre el hombro y cargué otra vez, la herida en la espalda comenzó a gotear. No sé si era bueno o malo pero uno de ellos me dijo que me pusiera kerosene en la herida y así lo hice. ¡Ay! La ropa interior se pegó y la herida se abrió más. Sin embargo, tenía que continuar cargando el canasto todo el día. No quería cargar sobre mi cabeza, porque sólo las mujeres cargaban sobre las cabezas. Después de que los hombres se fueron a Cuba quedaron las mujeres cargando los canastos de carbón, pero ellas ganaron más porque al no haber hombre se pagaba dos plaka por canasto.(28)

Otros muchos como Francisco decidieron irse a trabajar en la compañía porque allí podían ganar más; comparaban el dinero recibido cuando trabajaban de aprendices con el patrón y el que podrían recibir en la compañía de carbón.

El trabajo en Klep era la máxima aspiración de los jóvenes y sólo la emigración les resultaba más atractiva que Klep. Para muchos como Didi, el trabajo en Klep fue un trampolín para después ir a Cuba. Didi percibió el trabajo ahí de este modo:

El trabajo en Klep era un trabajo de animales. Un trabajo duro. Había veces en que sacaba 200 canastos por día. Llenabas tu canasto y luego lo vaciabas. Todo el día bajando el carbón hasta el borde del barco para poder llenar las carretillas con el carbón. Luego había que subir la escalera, llenar la carretilla, empujar la carretilla y vaciar el carbón. Entonces tus pies comenzaban a resbalarse. No podías seguir más, la carretilla se viraba de lado y no podías vaciar el carbón. Si lo lograbas, estaba bien, si no lo lograbas... ellos te decían: "No es ahí donde debes vaciar. Vete a la casa, vete a la casa". Entonces tú habías terminado. Había suficientes muchachos sentados esperando cuando el capataz dijera: "Mira, trae la carretilla". Las cosas sí que eran de verdad. Esas cosas sí eran castigos de verdad. Me quedé a vivir en Seru de Otrabanda el tiempo en que fui kore ficho, donde algún conocido. ¡Ay! En la noche veía tarros de comida y fuego aquí y fuego allá. Estaban haciendo la comida. Después de Klep me fui a Cuba.(29)

En aquellos años el puerto de Curazao era muy importante como centro de tránsito de mercancía tanto hacia el norte como hacia el sur de América. Las mercancías provenientes de Europa hacia otros puntos de Europa y viceversa pasaban por Curazao. Pedro, nacido en Tera Kora, no trabajó cargando carbón para los barcos antes de ir a Cuba, sino que cargaba productos transportados por los barcos:

Debía cargar café, harina. Bajaba todo lo que había que bajar. Cogía todo lo que había que coger cargando sobre el hombro. No había máquinas. Había que levantarlo hasta el hombro. Levantar y levantar. Muy duro, porque en ese tiempo no había cosas modernas como ahora para cargar café, harina de funchi [maíz]. Era necesario tener cuero de borrico. Ganaba un ría por hora. Tres yotín por día y después ocho plaka, dos florines por día. Yo trabajaba por hora, ganaba ocho plaka por hora en Curazao. En tierra se ganaba ocho plaka y a bordo un plaka más. Por tanto, al trabajar a bordo se ganaba nueve plaka. Cuando se trabajaba a bordo había que entrar al barco. Era la Klep y Bulto. Después entré a trabajar a bordo sólo porque el capataz me escogió para hacerlo. Había aprendido a trabajar bien a bordo. Tenías que subir y bajar la escalera, te tocaba trabajar en la bodega. En aquel tiempo yo vivía en Punda. Iba a Siberia cada dos semanas o cada mes, según como iban las cosas.(30)  

Nieuport

A partir del siglo XX, para ser más precisos en el año de 1913, en Nieuport se iniciaron los trabajos de procesamiento de fosfato y piedra caliza para exportar a otros países. Ello abrió nuevamente una oportunidad de trabajo, después de que en 1895 esta industria se había paralizado (Van Soest, 1977, 125). Ramón fue uno de los que fue a Cuba luego de trabajar en Nieuport.

Antes de que yo fuera a Cuba, en enero de 1921, trabajé en Nieuport. Ese era el tiempo del fosfato. Los vapores cargaban fosfato. Desde el día en que comencé a trabajar ganaba un florín por día. Un florín. Después aumentaron diez centavos, un depchi. De un depchi me subieron a diez plaka y, por último, me pagaban tres yotín por día [un florín y cincuenta centavos]. Después, cuando los vapores venían y se cargaba la piedra, se pagaba un dólar por día, o sea, cuando embarcabas ganabas un dólar por día. Luego cuando el vapor se iba se ganaba tres yotín por día.(31)

Marcelo, nacido en 1898, trabajó también en Nieuport antes de marchar a Cuba. Entonces era un joven cocinero de 24 años que trabajaba para los directores ingleses de la industria del fosfato. Como muchos de sus compatriotas, fue a Cuba con la ilusión de ganar más plata e invertir luego en algo:

Trabajé como criado para los ingleses de la compañía de fosfato. Lo que me pagaban aquí no era mucho. Necesitaba plata para construir mi casa; eso y otras cosas más quería yo. Uno va a donde puede ganar más dinero y allá en Cuba podía ganar buen dinero. Pero cuando fui allá ya era tarde, bastante tarde. Sin embargo, permanecí allá dos años y al segundo año me di cuenta que ya hasta el azúcar no pagaba bien.(32)

Ambos relatos contrastan con lo que el director de la industria de Nieuport decía en su misiva al gobierno. Esta industria se vio afectada por la salida de sus hombres cuando la emigración a Cuba se puso de moda y en 1920, el director protestó por la gran cantidad de trabajadores que había partido hacia Cuba (Van Soest, 1977, 199-200). En esa misma carta al gobierno sostenía la idea de que los hombres no habían salido para obtener un mejor salario en Cuba, sino por querer escapar de sus obligaciones familiares.(33)

Mientras más intensa se hacía la emigración a Cuba, más grande era el impacto sentido en los otros sitios de trabajo en Curazao. El periódico La Cruz afirmó, en 1919, que Cuba representaba una amenaza para Curazao, porque cada uno de los curazoleños se atrevía a echar a un lado cualquier incidente en su trabajo y a gritar que mejor se marchaba a Cuba.34 También, los trabajadores de Nieuport se declaraban en huelga al sentirse descontentos con su trabajo, porque tenían la seguridad de que podrían ir a Cuba si su petición de aumento de sueldo no era escuchada y perdían su empleo. El número de trabajadores se tornó escaso y las peticiones de dinero mayores.35 Ramón, por ejemplo, también supo lo que era una huelga en Nieuport antes de emigrar a Cuba.

En Nieuport nos pusimos en huelga a finales del año 1920. Los vapores vinieron a Nieuport a recoger el fosfato, pero todos los trabajadores botaron las carretillas. La huelga era por más plata. El vapor vino y fue en ese momento que vimos la oportunidad de empezar la huelga. Cuando el vapor entraba vacío, te declarabas en huelga para conseguir más plata. Salimos afuera. Había personas que habían regresado a trabajar. También había viajes a Cuba. Entonces yo empecé a buscar un viaje a Cuba.(36)

La Compañia Petrolera "Isla"

En 1915, dos años antes de la primera emigración a Cuba desde Curazao, se estableció en nuestra isla la compañía de petróleo Curacaosche Petroleum Maatschappij, comúnmente conocida como la CPM y llamada en el lenguaje popular "Isla". En sus comienzos, fue un lugar para almacenar petróleo y años más tarde se convirtió en refinería. No se requería de muchos trabajadores para establecer dicha industria y su número fluctuaba según las necesidades del momento. En un artículo del periódico La Cruz se dijo que la refinería de petróleo estaba sólo completando su construcción y, por tanto, no necesitaba de más trabajadores en aquel momento.(37)

Lo hasta entonces finalizado era una cuarta parte del proyecto total y, si las cosas iban bien, el número de tanques sería cuatro veces mayor. La idea fue presentar una mejor perspectiva ante los trabajadores despedidos y devueltos a sus casas. Según el artículo, al finalizar el año, la empresa comenzaría con la explotación y entonces necesitaría nuevamente personal para emplearlo en los tanques y vapores que irían y vendrían de Maracaibo. Asimismo, si la empresa continuaba desarrollando su refinería en mayor escala, con el consecuente aumento de trabajo como se visualizaba, con posterioridad sería indispensable montar nuevos tanques y también construir casas y arreglar terrenos. El autor del artículo mencionado terminó escribiendo que se hacía saber todo esto con la finalidad de que los trabajadores desocupados estuvieran seguros de que la empresa los requeriría en el futuro. No se les aconsejaba sentarse a esperar, mientras se llegaba el tiempo de la contratación debían buscar otro trabajo.38 A pesar del pronóstico del periódico, en 1918 la industria empleó solamente 300 trabajadores de Curazao, Aruba y Bonaire, junto con los obreros americanos.

Francisco fue uno de estos obreros. Trabajó en Isla en 1916, cuando la CPM estaba construyendo la refinería con contratistas y trabajadores americanos. Él trabajó con un americano mezclando cemento y cuenta cómo eran los trabajos cuando Isla funcionó en pequeña escala.

Yo ponía con la pala cemento y también arena y ripio con agua, luego movía mezclando todo. Después cogía la carretilla para llevar la mezcla. Cuando la huelga fue declarada por la gente mayor, se despidió a muchos que querían más plata. El americano nos dijo: "La semana pasada se despidió a mucha gente. Si ustedes también se van a la huelga, no se les va a dar más plata, se les manda a la casa". Fuimos a ver al jefe llamado Van Der Wal, le decíamos Pam Bichi, porque siempre se vestía con una camisa que tenía palmas. Él nos dijo que nos fuéramos a trabajar a otro lugar hasta el próximo sábado, cuando nos iba a dar otra cosa para hacer. El siguiente sábado conseguimos un depchi más. En aquel tiempo yo ganaba tres yotín con un depchi. Pero un día entró un vapor de guerra donde los Maduro. Los tres que trabajábamos mezclando cemento en Isla, yo, Tochi de Nina y Matías Hooi (los dos ya murieron), fuimos a trabajar de kore ficho donde los Maduro en la noche, después que habíamos terminado nuestro día de trabajo en Isla. Al amanecer fuimos nuevamente a Isla, pero el controlador nos reconoció y le fue con el cuento al americano. Cuando empezamos a trabajar, Constatin, que era nuestro capataz nos dijo que estábamos en la lista negra. Nos habían visto de kore ficho y nos despidieron de Isla.(39)

Francisco cuenta los esfuerzos que hizo para ir a trabajar a la industria. Esto significaba salir muy temprano de su casa y caminar largas distancias para llegar a tiempo a su trabajo:

Isla abría sus puertas a las cinco y media de la mañana. Para llegar a tiempo al trabajo, salíamos a las cuatro de la madrugada, porque cuando daban las seis si no estabas dentro, se cerraba la puerta y ya no podías entrar. Si no trabajabas, no ganabas. No work, no pay. Tenías que levantarte de madrugada y no había despertador, no había nada. Nos levantábamos con la estrella, con la estrella de La Cruz, junto a la Vela de Coro. Como a las tres de la madrugada, te levantabas para cocinar y comer un poco de funchi, ordeñar la leche y bebértela. Después salías. Caminabas durante dos horas. Al regreso también caminabas dos horas. Trabajábamos de seis a seis. Ahí sí había reloj, de los que caminan haciendo tic, tic, tic. Yo no podía comprarme uno. Costaba un dolo cada uno, era imposible que pudieras comprarte un reloj. Sólo el capataz podía tener reloj. No podías comprar uno porque lo que ganabas no te alcanzaba.(40)

Más adelante, en el transcurso del siglo XX, Isla se convertiría en la principal fuente de trabajo en Curazao; en ella, se podía acceder a un salario mejor. Sin embargo, en los inicios de su operación brindó trabajo a un número limitado de personas y no bien remuneradas. En 1919 y 1920 el salario a ganar en la compañía petrolera alcanzaba 3.50 florines diarios, la misma cantidad ganada por un carpintero.(41)

Pedro nació en Wespen en 1898 y trabajó para Isla a principios de siglo. En su relato pone de manifiesto el por qué abandonó Isla para irse a trabajar a Cuba:

Antes de ir a Cuba en 1919 trabajé en diferentes lugares. Trabajé en Isla dos veces. Limpié Valuntijn [Valentijn] cuando dejó de ser un cementerio y pasó a ser propiedad de Isla. Limpiamos todos esos bosques, desde el comienzo hasta la otra punta. Ahora se ha limpiado el lugar. En aquel tiempo no estaba así. El día en que comenzó Isla limpiamos para ganar tres yotín con dos centavos por día. Limpiamos el bosque y lo dejamos limpio por tres yotín con dos centavos. Cuando venía el barco con arena desde Aruba, se retenía a los trabajadores hasta media noche para que trabajaran descargando el barco mientras otros amontonaban los huesos de los muertos para quemarlos. Cortábamos los árboles, cortábamos las matas y limpiábamos el bosque. Hablemos claro: "No me gusta trabajar donde no veo plata". Tres yotín con dos centavos, tenía una mamá que cuidar. ¿Qué podía hacer? En aquel tiempo eso era algo de plata. Pero no me alcanzaba para poder vivir en la casa ¿Qué podía hacer? No me podía quedar, aunque mi mamá no quería que fuera a Cuba. Pero tenía que irme, porque yo quería irme.(42)

Francisco hizo lo mismo y decidió abandonar Curazao e irse a Cuba por la posibilidad de ganar más dinero allá:

En el año 1916 Isla se abrió y fui a trabajar ahí. Los hombres grandes ganaban un florín. Yo tuve la suerte de ganar medio fuerte [62.5 centavos de florín]. En aquel tiempo, los muchachos como yo ganaban sinku riá [75 centavos de florín] en Isla. Ellos iban a coger tamarindo y lo vendían a los trabajadores. Traían el tamarindo seco a Isla porque allí había una tienda. Isla vendía harina, bokel [pescado salado] y otras cosas. Podían prestarte comida: tú ibas con tu jefe que autorizaba y al siguiente sábado te descontaban de tu pago. Después fui a trabajar en la cubierta de los barcos con don Uchi. Ahí ganábamos tres yotín [un florín y cincuenta centavos] y luego tres yotín y diez plaka [25 centavos de florín]; un plaka equivalía a dos centavos y medio. Entonces, decidí ir a Cuba.(43)

La Experencia de Los Curazoleños en Cuba

Cuando los curazoleños fueron a Cuba, no sabían la clase de candela a la que iban (44)

Para comprender por qué Cuba necesitaba trabajadores extranjeros y esclarecer la situación que los trabajadores curazoleños encontraron allí, se hace necesario describir el panorama político y económico de Cuba a principios del siglo XX.

Los emigrantes curazoleños fueron a Cuba cuando la economía de esta isla se encontraba en alza. La base de la economía cubana era, en aquel entonces, la producción de azúcar. Debemos anotar que Cuba empezó a producir el dulce con posterioridad a otros países del Caribe como Barbados, Trinidad y Tobago, etcétera, y que ya en 1868 producía el 40 por ciento de la totalidad de azúcar del mercado mundial.(45) El azúcar y el tabaco eran productos de exportación, especialmente para el mercado de los Estados Unidos.

El cultivo de la caña requiere de una fuerza laboral muy grande.(46) En el siglo XIX, el cultivo de la caña y el procesamiento del azúcar en el Caribe y en Cuba fue un trabajo encomendado a los esclavos; pero, justamente cuando la producción de azúcar comenzó a subir, el tráfico de esclavos fue prohibido. A pesar de ello, Cuba siguió importando esclavos, burlando las reglas internacionales en cuanto al tráfico ilegal de esclavos. 47 En 1886, luego de la emancipación de los esclavos en Cuba, se introdujo un sistema de patronato, que representaba una fase de transición para la obtención de una fuerza laboral más barata.

Sabemos que Cuba atravesó por dos guerras de independencia contra España durante el siglo XIX; la primera, llamada Guerra de los Diez Años, se extendió de 1868 a 1879, mientras que la segunda duró de 1895 a 1898. Durante la segunda guerra, Estados Unidos apoyó a Cuba para que se liberara de España, pues con ello defendía sus propios intereses en la isla. El 2 de julio de 1898, España cedió a Cuba, Puerto Rico y Filipinas y en enero de 1899 Cuba quedó constituida como República independiente, aunque en 1898, cuando Cuba recibió su independencia de España, fue ocupada militarmente por los Estados Unidos. Esta ocupación, bajo el mando militar de John R. Brooke y Leonard Wood, duró hasta el 20 de mayo de 1902, fecha en que los americanos salieron de Cuba.

Sin embargo, antes de marcharse de la isla, los Estados Unidos aseguraron su poder mediante una enmienda a la constitución cubana, denominada Enmienda Platt. Uno de sus artículos estipulaba que los Estados Unidos podían ejercer su derecho de intervenir en Cuba, cuando consideraran que la independencia de esta última se encontraba en peligro. Por tanto, los Estado Unidos podían interceder para mantener el gobierno que consideraran más adecuado para proteger la vida, la propiedad y las libertades individuales (Jenks, 1970, 79). Además, el gobierno cubano no podía pactar y firmar con un tercer país sin el permiso de los Estados Unidos (Fernández Robaina, 1990, 37).

En los años siguientes, Estados Unidos intervino en Cuba de 1906 a 1909 y también durante los levantamientos de 1912, 1917 y 1918. En 1919, ocuparon militarmente el país. Estos fueron mecanismos políticos creados para dominar económicamente a Cuba y, así, consolidar los intereses de la burguesía norteamericana apoyada por los cubanos pronorteamericanos (López Bombalier, 1983).

En la primera mitad del siglo XX, Cuba fue simplemente un satélite político de los Estados Unidos. El gobierno no poseía un mandato electoral claro y su dirección no era completamente autónoma, por lo que servía muchas veces a los intereses de los Estados Unidos y de las empresas económicamente grandes. La influencia económica de los Estados Unidos en Cuba era muy visible y, aunque se había retirado de ahí en 1902, la isla continuaba sintiendo su presencia, en especial en la producción de azúcar. A comienzos del siglo XX, la producción de azúcar en Cuba guardaba estrecha relación con el desarrollo político del país; un ejemplo es el Tratado de Reciprocidad Comercial (1902), que reflejaba el dominio del azúcar cubana en el mercado norteamericano. Sin embargo, esto no significaba ventajas para Cuba, ya que el precio del dulce era fijado por los Estados Unidos (Thomas, 1971, 537). Hay que subrayar que el Tratado de Reciprocidad concedía a los Estados Unidos el monopolio sobre el mercado cubano y excluía a otros países. Dicha dependencia fue un obstáculo para el libre desarrollo de la industria cubana y, además, impidió la diversificación de la agricultura (Tabares del Real, 1975, 40).

El cuadro 1, ofrecido a continuación, muestra las inversiones norteamericanas en Cuba desde 1906 hasta 1927, así como también su desarrollo y crecimiento.

CUADRO 1. Inversiones de los Estados Unidos en Cuba, 1906-1927 (en millones de dólares) Sector económico 1906 1911 1927 Azúcar 30 50 600 Vías férreas y navegación 25 30 120 Electricidad 17.5 20 115 Minas 3 0 50 Comercio y banca 4 30 30 Manufactura (excluido el azúcar) - 0 15 Agricultura (excluidos el azúcar y la ganadería) 66 10 45 Bienes inmuebles 14 35 50 Hoteles y entretenimientos 0 0 15 FUENTE: Jenks, 1970, 246.

El mayor crecimiento económico se dio en la industria azucarera. El monopolio norteamericano estaba vinculado con el latifundio o con la enorme posesión de terrenos. En el siglo XX, muchos inversionistas, banqueros y comerciantes norteamericanos compraron terrenos en Cuba. Por ejemplo, en 1902, Andrew Preston, presidente de la United Fruit Company compró terrenos por un valor de cinco dólares la hectárea y fundó las centrales Boston y Preston. También, R. B Hawley, congresista de Texas, junto con un grupo de inversionistas, compró 27,000 hectáreas de terreno cerca de Puerto Padre y construyó la central más grande de aquella época, la Chaparra, a donde fue a trabajar la mayor parte de los emigrantes curazoleños (Hoernel, 1976, 215-249). Otra central grande era la Delicias, perteneciente a los mismos dueños de la central Jobabo (Hoernel, 1976, 231) y cuyo representante cubano, el general Mario García Menocal (1866-1941), fue presidente de Cuba de 1913 a 1921, y quien garantizó el dominio político y económico de los Estados Unidos en Cuba.

El Manatí, fundado unos años antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial, fue otra de las centrales que reclutó trabajadores curazoleños. Contaba con grandes extensiones para plantar caña (212 millas de terreno) y, además, con una vía férrea para conectar sus plantaciones con las fábricas de procesamiento del azúcar y con el puerto para su distribución (Hoernel, 1976, 240). La central Manatí también poseía su propio barco que, para los curazoleños, era en 1919 el medio de transporte directo a Cuba.

El sistema de producción que utilizaba la central Manatí consistía en unir el cultivo con el procesamiento de la caña. Este procedimiento ya se aplicaba desde comienzos del siglo XIX. Antes de la primera guerra de independencia, que duró diez años, Cuba tenía 2 000 molinos de azúcar, mientras que en 1894, su número alcanzaba sólo los 500. En este periodo, los dueños de los molinos de azúcar también plantaron caña. Después de la mencionada guerra el panorama cambió: el cultivo de azúcar fue a parar gradualmente a manos de los colonos o dueños de las colonias, contratados para entregar la cosecha de caña a los molinos de azúcar para su procesamiento. El esquema de funcionamiento continuó así hasta el siglo XX y fue apoyado por las innovaciones tecnológicas.

Solamente pudieron sobrevivir las compañías con suficiente capital para adquirir maquinaria nueva; los colonos se volvieron más dependientes de las compañías grandes -norteamericanas en muchos casos-, y así el control de la producción de azúcar se concentró en organizaciones poderosas. En 1906, durante la segunda ocupación norteamericana, la mencionada central Chaparra se unió a las de Merceditas, Tinguaro y Constancia y Unidad, conformando una sola compañía denominada The Cuban American Sugar Company. Pero, además de esta última, poseían la Cuban Sugar Corporation, la General Sugar Company, la Cuban Trading Company, la Punta Alegre Sugar Company y algunas otras (Benítez, 1976, 264). El contrato firmado por los colonos con las compañías incluía 46 cláusulas en las que se declaraba lo que el colono tenía que cumplir y lo que no (Guerra, 1976, 245-260).

Catorce años después, en 1920, Cuba tenía operando únicamente 180 molinos de azúcar. Los norteamericanos tenían los molinos tecnológicamente más sofisticados y modernos. De esta forma, en sus primeros 20 años en Cuba, 27 ingenios instalados por los norteamericanos produjeron casi el 50 por ciento de la totalidad del azúcar producida en la isla, porque los norteamericanos poseían casi un millón de hectáreas de terreno para el cultivo de la caña. Estos ingenios también contaban con una línea férrea y un muelle para facilitar el transporte del azúcar al puerto (Benítez, 1976, 264). Cabe decir que, en este periodo se construyeron diferentes nuevos puertos en Cuba (Guerra, 1976, 228). El mejoramiento de las vías férreas hizo crecer el número de las plantaciones y muchas áreas remotas fueron, de este modo, incluidas en el proceso de producción del azúcar.

El mayor crecimiento ocurrió durante la Primera Guerra Mundial, debido a que grandes productores como Bélgica, Francia y Alemania, al verse directamente involucrados en la guerra, desviaron su atención de la producción de azúcar y no pudieron continuar produciendo lo suficiente para cubrir el consumo mundial. Antes de la guerra, en 1913, Cuba producía el 12 por ciento de la producción mundial (Thomas, 1971, 536). El precio del azúcar se elevó ante una producción limitada y esto constituyó el incentivo para que otros países como Estados Unidos, y Java, entre otros, se decidieran a sembrar caña de azúcar. Es así como, durante la guerra, los países aliados dependieron cada vez más de Cuba para el consumo del azúcar, cuyo precio continuaba en ascenso. Cuba comenzó a cultivar caña en sus terrenos menos poblados en el oriente del país. En las provincias centro-orientales de Las Villas y Camagüey se talaron muchos árboles de caoba, cedro y otros para dar paso a plantaciones de caña y a la construcción de fábricas para procesar azúcar. Entre 1902 y 1903, las provincias de Oriente, Camagüey y la parte este de Las Villas produjeron sólo 35.7 por ciento del total del azúcar de Cuba; entre 1918 y 1919 esta cifra se elevó a 56.4 por ciento, mientras que en 1919 ya constituía 69.5 por ciento (Domínguez, 1978, 23).

Durante el ascenso de la producción de azúcar, la necesidad de mano de obra también se elevó, ya que esta industria requiere de un número proporcional de trabajadores a la cantidad de áreas plantadas de caña.

Para comprender la situación de los curazoleños en Cuba, la primera pregunta que debe hacerse es por qué era necesario buscar emigrantes extranjeros en las otras islas del Caribe, incluida Curazao. El historiador Eric Williams cita como motivo que durante las dos guerras de independencia de Cuba la isla había perdido muchos hombres (Williams, 1970, 483). Sin embargo, hay otras causas por las que Cuba buscó emigrantes del Caribe como mano de obra para el trabajo en la caña de azúcar. A continuación hablaremos sobre el recorrido histórico de la importación de extranjeros a Cuba.

De 1847 a 1874, antes de que Cuba aboliera la esclavitud, esta isla contrató alrededor de 125 000 chinos para trabajar en las plantaciones de azúcar. Las razones de la escasez de trabajadores estaban relacionadas con la prohibición de traer nuevos esclavos, la alta mortalidad entre los esclavos cubanos y con el hecho de que las personas que habían sido esclavas, en su gran mayoría se habían marchado a trabajar a la ciudad para ganar más dinero (Moreno Fraginals, 1983, 118).

Hubo muchos problemas con la emigración a Cuba. Este país había querido siempre, por todos los medios, mantener su población lo más blanca posible y por ello traía españoles, fundamentalmente, de las Islas Canarias. Casi 77.26 por ciento de los 322 878 emigrantes que entraron a Cuba entre 1902 y 1911 eran españoles blancos; un gran número consiguió trabajo en la construcción y en el montaje de máquinas (Moreno Fraginals, 1983, 99), lo que significa que algunos no se quedaron en las plantaciones, sino que continuaron hacia la ciudad (Thomas, 1971, 540). Cuando los norteamericanos entraron en Cuba reforzaron la idea de mantener el país lo más blanco posible. Sin embargo, en los momentos en que la producción de azúcar creció a los niveles máximos con las consiguientes ganancias, se hizo necesaria la presencia de trabajadores extranjeros de cualquier color.

En el año en que los curazoleños comenzaban a emigrar a Cuba existía un problema laboral muy grande, que culminó en una huelga que paralizó una cuarta parte de las centrales en el este de Cuba (Damoulin, 1980, 55). En el conflicto laboral, los trabajadores exigían un mejor salario para enfrentar la inflación consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El precio de los alimentos había aumentado dos veces, mientras que el salario de los trabajadores de las empresas azucareras se mantenía igual.

Los obreros luchaban para mejorar las condiciones de trabajo en los ingenios, que aún eran similares a las de la esclavitud. Durante el tiempo de zafra o tiempo de cosecha debían trabajar doce horas al día y se les proporcionaba poco tiempo libre para su vida personal (Damoulin, 1980, 55). Tampoco contaban con asistencia médica en los momentos necesarios. El gobierno cubano actuó con resolución para eliminar la lucha y fue muy severo para enfrentar cualquier tipo de protesta. Sin embargo, los trabajadores continuaron combatiendo y exigieron aumento de salario, una jornada de ocho horas y el derecho a organizarse (Damoulin, 1980, 55-56). Se utilizó, entonces, la importación de obreros extranjeros como un medio destinado a minar las demandas de los trabajadores cubanos. De la misma manera había sucedido en años anteriores, cuando se burlaron las leyes racistas y se toleró que algunas compañías importaran trabajadores (Moreno Fraginals, 1983, 98-100). Ya en 1912 había ocurrido algo igual, cuando el gobierno violó su propia ley de 1902, que impedía importar trabajadores negros del Caribe. Esto fue posible porque en ese año había habido un conflicto racial en Cuba que causó la muerte a 3 000 personas. Los norteamericanos intervinieron e introdujeron 1 000 obreros antillanos para trabajar en la United Fruit Company y socavar así la lucha de los trabajadores cubanos.(48)

Algo semejante ocurrió en 1917. La burguesía cubana con intereses en las empresas azucareras pensaba que los obreros cubanos se mostraban tan exigentes por no tener competencia con otros obreros y sentirse fuertes, por lo que la introducción de trabajadores extranjeros49 reduciría este sentimiento entre los obreros cubanos.

En 1917, quedó eliminada la ley de 1902; la nueva ley dictada por el presidente Mario García Menocal (1913-1921) permitía la entrada de obreros contratados sin distinción de razas hasta dos años después del final de la Primera Guerra Mundial (Corbitt, 1942, 307). Así, en La Gaceta del 2 de noviembre de 1917 se publicó:

La persona, compañía o entidad que desee introducir en Cuba braceros o trabajadores para faenas y labores agrícolas e industriales, lo solicitará a la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo expresando el número de los que quisiera introducir, su nacionalidad y procedencia, asimismo como el punto por donde deban desembarcar [Benítez, 1976, 268].

En lugar de mejorar las condiciones de los trabajadores cubanos en el campo, les parecía más conveniente importar trabajadores extranjeros productivos, pero menos exigentes que los cubanos. Así fue que pudieron quebrar la fuerza de lucha de los trabajadores cubanos.

Los dueños de los ingenios de Cuba comenzaron entonces a reclutar personas del Caribe de una manera muy agresiva. Así, en 1917, un grupo de dueños de ingenios y colonias se asoció con el objetivo de apoyar la emigración; cada uno de los miembros colaboró con 1 000 dólares y algo de sus ganancias para mandar un agente a Haití, Jamaica y a otros lugares a reclutar trabajadores.50 Teo de Wespen recordaba a uno de esos agentes, "un cubano, un hombre delgado llamado Rodríguez" (Paula, 1973, 37) que vino a buscar gente para ir a cortar caña. Entonces Juchi, el contratista local, se unió a él para buscar personas y tomó un montón de plata del cubano: "El te daba plata aquí para que vayas allá."(51)

Este Rodríguez aparece en la correspondencia entre la central Chaparra y el gobierno colonial holandés como el jefe del Departamento de Inmigración. También Vicente Grou Agüero fue introducido por el cónsul americano como representante del Departamento de Inmigración cubana, pero en la carta del teniente general de Aruba fue introducido como agente de inmigración. Aquí pues la intervención del gobierno cubano en las empresas azucareras es muy clara (Paula, 1973, 36).

Los emigrantes curazoleños llegaron a Cuba en medio de esta atmósfera de conflictos y antagonismos; arribaron a un sitio que nunca habían vislumbrado y del que no habían tenido información. A nivel político, acababa de ocurrir una rebelión contra la reelección de Menocal en Cuba, esa rebelión que fracasó como consecuencia de la intervención militar norteamericana (Keen/Wasserman, 1984, 411). Por otro lado, la clase burguesa que no tenía ningún interés en las empresas azucareras condenaba la llegada de los emigrantes, con base en ideas racistas, pues consideraba al flujo de trabajadores negros como un proceso para "africanizar" Cuba. A su vez, la clase burguesa con intereses en la industria azucarera y aliada a los norteamericanos dueños de empresas azucareras concebía a los trabajadores negros como esclavos modernos. Según Benítez, los trabajadores extranjeros laboraban en condiciones de semiesclavitud (Benítez, 1976, 267). Era una situación en la que las empresas capitalistas del azúcar tenían todas las ventajas económicas de la esclavitud pero ninguna de sus desventajas (Hennessy, 1978, 243). Los obreros cubanos, en cambio, miraban a los trabajadores emigrados como rompehuelgas y los culpaban de los salarios bajos y de ser un estorbo a la lucha de clases (Cross y Heuman, 1988, 244).

Los emigrantes curazoleños fundamentaron su presencia en Cuba diciendo que los cubanos eran escasos o que Cuba tenía más mujeres que hombres y que los cubanos eran perezosos y no querían trabajar o que, cuando recibían su dinero, no regresaban más al trabajo y por eso se buscó gente de Curazao, Haití y Jamaica. Las expresiones anteriores eran propias de la clase en el poder en Cuba y los curazoleños las repetían; irónicamente, son esas mismas expresiones las que después se usarían en su contra en Curazao. Habían, pues, interiorizado las ideas de superioridad de la clase pudiente y las habían aplicado como propias para hablar en contra de los cubanos.

¡En Cuba Hay un Río de Oro! (52)

En la sección anterior, hemos descrito las condiciones económicas y políticas que definieron la situación social de los emigrantes curazoleños en Cuba. Aquí nos referiremos a algunas cartas enviadas por aquel tiempo a Curazao y que describían la situación social de los curazoleños en la isla de Cuba. Estas comunicaciones ofrecen, en ocasiones, una clara impresión sobre la decepción de los hombres en Cuba, en virtud de que muchas promesas hechas, que constituyeron el mayor impulso para marcharse a Cuba, no fueron cumplidas (Paula, 1973, 33).

Con sumo optimismo, los primeros emigrantes que salieron de Curazao en diciembre de 1917 informaron a la comunidad sobre su llegada a Cuba mediante una carta dirigida al periódico La Cruz. La carta reflejaba un entusiasmo sin límites; publicada íntegramente dice:

Reverendo Director Después de mi saludo y el de mi paisano que me acompaña, tengo el honor de escribir esta carta en nombre de todos los trabajadores que han venido a Cuba. Queremos poner en conocimiento de sus familiares que la compañía nos recibió muy bien y nos han dado un buen trato, un buen lugar para dormir, para hospedarnos y buena paga. Consecuentemente, nosotros no podemos exigir más. Aquí hay mucha gente que quiere trabajar y puede ganar hasta cuatro dólares diarios sin esforzarse mucho. El clima de aquí es muy fresco, el aire es limpio y no hay animales feroces, ninguna clase de animales dañinos; calentura tampoco hemos sentido hasta ahora. Pues, la mamá y los hermanos de los trabajadores pueden quedarse tranquilos, esperar plata de sus hijos, esposos y hermanos, porque la compañía procura enviar plata para la familia y aquí tenemos crédito para lo que necesiten. Aquí firman algunos de cada sección.(53)

Exactamente en marzo de 1918 empezaron a criticar la situación en Cuba. El procurador general, Gorsira, recibió una carta anónima de fecha 14 de marzo de 1918 en la cual se denunciaba la inhumana situación que se vivía en Cuba.

Aquí saludamos al señor y ponemos en su conocimiento que los curazoleños que estamos en Cuba, que fuimos traídos a Chaparra, pasamos malos tratos y lo que ganamos no nos alcanza ni para comer, y mucho menos pagar lo que debemos. No estamos todos en Chaparra tampoco. Nos dividieron y nos mandaron a diferentes colonias de Cuba. En las colonias lo tenemos muy difícil, nos golpean con la hoja del machete y nos tenemos que levantar a las dos de la mañana para cargar carretillas grandes de caña. La casa donde vivimos hace que nos enfermemos, porque está completamente abierta y el piso es de pura tierra llena de niguas. Todo es muy diferente de lo que nos dijeron en Curazao, todo es un engaño, no es verdad. Señor, hemos oído que se escribió en el periódico de Curazao que ganamos cuatro fuertes, es la mentira más grande que puede haber. Así es. Nos engañaron. Señor, los curazoleños que vinieron por segunda vez fueron tratados como perros y no les fue permitido unirse con nosotros porque en el mismo momento en que llegaron fueron llevados a diferentes colonias y amenazados con dispararles con revólver. Los cubanos mismos dicen que cómo es posible que el gobierno de Curazao haya dejado venir a tantos curazoleños a pasar mala vida en un país extranjero. Señor, esperamos que usted pueda hacer algo por nosotros. Ojalá no rechace nuestra carta. Señor, considere lo dicho en esta carta como dicho personalmente a Usted. Por ahora nos despedimos y le agradecemos. Los curazoleños que estamos aquí en Cuba Señor, por falta de remedios murió un curazoleño llamado Constan Koeiman.(54)

Al contrario de lo expresado en la primera carta desde Cuba (del 19 de diciembre de 1917), la carta del 14 de marzo de 1918 refleja una gran decepción. Se mencionan diferentes reclamos como el bajo salario, la vivienda en malas condiciones, la falta de cuidado médico y otros tratos inhumanos que los curazoleños recibieron en Cuba. Constan Koeiman, la persona mencionada murió por falta de cuidados médicos, pertenecía al primer grupo de emigrantes a Cuba (1917) y apareció como el número 83 en el primer contrato firmado el 28 de noviembre de 1917. Esta carta fue una prueba en contra de la primera que, realmente, no estaba basada en hechos concretos y era más bien un elogio de lo que se esperaba encontrar en Cuba. Debemos subrayar que los reclamos se amplían en las próximas historias narradas por los emigrantes.

J. B. Gorsira mandó al gobernador la traducción al holandés de la carta, acompañándola con una comunicación fechada el 10 de abril de 1918 en la que alertó al gobierno para que prestara mayor atención a la situación de los curazoleños en Cuba. También instó al gobernador a buscar información del cónsul de Holanda en Cuba, con el objetivo de poder prevenir a los trabajadores que aún no habían marchado a Cuba,(55) pero el gobierno colonial no reaccionó con la presteza necesaria, aunque envió una carta al cónsul holandés en La Habana para recabar información al respecto; este último, por su parte, mandó una carta al patrón de los curazoleños, en la que solicitaba datos sobre la situación de los emigrantes. El doctor Molinet, director general de la Chaparra Sugar Company, rechazó las acusaciones y dijo que la compañía tenía que tratar bien a su gente para mantener vivos los deseos de continuar emigrando a Cuba. Según dice, los perezosos eran, en realidad, los que reclamaban.(56)

Este asunto preocupó, sin embargo, a diferentes personas en Curazao, y el periódico La Cruz dedicó dos ediciones al tema. El 24 de abril de 1918, el periódico repitió las acusaciones de la carta anónima y, a pesar de las dudas, aconsejó a los emigrantes potenciales tener más cuidado cuando firmaran el contrato para ir a Cuba. Además, solicitó a las personas que enseñaran a la redacción cualquier carta recibida de sus familiares en Cuba.57 El periódico La Cruz, en respuesta a su petición, recibió dos cartas, publicadas en su edición del uno de mayo de 1918. Un emigrante escribía desde Puerto Padre:

Aquí debemos trabajar como animales. Yo, con 30 personas nos negamos a trabajar, porque es un trabajo que la gente no puede hacer. De modo que estamos aquí sin trabajar e imposibilitados de huir a otro sitio. Juchi Prins engañó a todos. Todos estamos desesperados.(58)

El periódico reaccionó muy seriamente ante semejantes acusaciones y las comparó con otra carta conseguida de su corresponsal en Aruba y que decía algo totalmente diferente. El arubano escribió desde Cuba:

Aquí en Cuba se necesita de trabajadores que cojan el machete en su mano y corten caña. Mientras más caña se corta, más caña se gana. Un trabajador puede hacer en un día de 1.50 a 3 fuertes.(59)

El periódico procuró explicar la contradicción afirmando que, probablemente, los que se quejaban y estaban descontentos, eran los jóvenes de la ciudad, por no saber nada de los trabajos del kunuku; estos jóvenes no estaban acostumbrados a trabajos pesados como el trabajar de la mañana a la noche con el machete en la mano y bajo el sol caliente. Por otra parte, esos jóvenes de Punda se apresuraron, entusiasmados posiblemente por las ganancias ofrecidas, y cerraron su contrato sin preguntar qué clase de trabajo iban a desempeñar allá; si las cosas habían sido de este modo, era culpa de los propios emigrantes.

El contratista Juchi Prince recibió también una reprimenda por parte del periódico, mismo que constató que había sido culpable en parte del engaño, ya que al contratar a las personas no les avisó que el único trabajo contratado era el de la caña. Y tampoco les advirtió que se trataba de un trabajo pesado, imposible de soportar por las personas nacidas y criadas en la ciudad.

El periódico siguió acentuando la diferencia entre la buena acogida experimentada en Cuba por los arubanos en comparación con los curazoleños y afirmó que los arubanos no se quejaban y parecían estar contentos. Ofrecía como prueba de esto la llegada de 4,500 florines (2,500 primero y luego 2,000 más) y subrayaba el hecho de que la suma enviada alcanzaba un total de 10,000 florines.(60)

Finalmente, el periódico repitió los consejos dados anteriormente y los dirigió ahora a los trabajadores de la ciudad; al propio tiempo, hizo notar al gobierno su responsabilidad para con los emigrantes. Además, se escribió:

No vayan a Cuba sin conocer por anticipado las condiciones de trabajo en que son contratados. Si se trata de un trabajo como el que se hace en un kunuku cogiendo un machete, un pico o un azadón, entonces, ninguna persona de Punda debe ir. Por otro lado, la gente que viene a buscar trabajadores no debe engañar ni aceptar a esa gente. Vamos a ir más lejos. Queremos pedir a nuestro gobierno que si se busca a gente de aquí, de Aruba o Bonaire, para que vaya a trabajar afuera, se envíe un delegado que presencie la firma de los contratos. El representante del gobierno debe preguntar las condiciones de contratación de nuestra gente y explicarlas a todo el que quiera firmar, y evitar así futuras desilusiones, o cualquier clase de reclamos y protestas. Y si, a pesar de esto, luego vienen reclamos, hay que leer el texto del contrato y así, en ese mismo momento, salir de dudas y saber quién tiene la razón. Esa es una medida necesaria. No debe volver a suceder que alguien se aproveche de nuestros trabajadores. Pero tampoco debe suceder que nuestra colonia tenga un mal nombre fuera de nuestra tierra y se diga que nuestros trabajadores son flojos y obstinados.(61)

A pesar de esas malas noticias, en 1918 salieron de Curazao 501 trabajadores, de los cuales 336, o sea la mayor parte, emigraron en marzo, seguidos por 134 en el mes de mayo. El periódico La Cruz del 22 de mayo de 1918 describió la salida de la goleta Reina con trabajadores hacia Cuba el Domingo de Pentecostés. La gente estaba hacinada en la cubierta y no dejaba de gritar adiós. En dos ocasiones, un barco de pescadores tuvo que llevar hasta la goleta a algunos trabajadores que se habían quedado en tierra, cuando ya la embarcación había partido.(62)

Este año, descrito por el gobierno colonial como un año económicamente bueno, resulta totalmente diferente si se estudian los datos mensuales de los campos; se despidió a obreros de la industria de fosfato y no hubo cosechas por la falta de lluvia.(63)

Al siguiente año, 1919, se publicaron otra vez en La Cruz dos cartas de la central Delicias, una de las centrales donde trabajaban los curazoleños. En ellas aparecen de nuevo quejas sobre las condiciones encontradas en Cuba. La primera carta, de fecha 3 de abril de 1919, fue publicada después de casi un mes, el 21 de mayo de 1919. El remitente hacía notar que los jóvenes eran quienes más problemas habían encontrado en Cuba. Rolando Álvarez decía que era una política consciente de los contratistas buscar en Haití a jóvenes fuertes con sangre briosa y de alta productividad, pero fácilmente manejables y que, además, pudieran ser mandados a su país de origen durante el tiempo muerto (Álvarez Estévez, 1988, 88 y Zanetti y García, 1976, 216). Esto se extendía también al reclutamiento de trabajadores holandeses.

Muchos jóvenes han venido aquí pero siento gran pena por ellos, ya que en años anteriores, muchos se han quedado sin trabajo, después de la zafra y, a pesar de esto, han venido más jóvenes este año. Estoy seguro que ni la mitad de ellos hubieran venido de conocer mejor las costumbres de aquí, la vida que tenemos y el trato que hemos encontrado. En Curazao se hace mucha propaganda para contratar rápidamente a los jóvenes, pero luego, aquí, ellos dicen: "Si yo hubiera sabido que se vendía a la gente de esta manera, me hubiera quedado en Curazao ganando una peseta en lugar de un florín." No son los hombres maduros y valientes los que se quejan así, sino los jóvenes menores de edad, sin fuerzas suficientes para soportar el trabajo y el calor de aquí, lo que hace que después del tiempo de zafra en que trabajan cortando caña no puedan seguir con otros trabajos como limpiar terrenos, cavar canales, etc. Ellos se cansan muy rápido con el trabajo duro de manejar el machete, el pico, el azadón y la pala. Acostumbran a trabajar dos o tres días y luego piden su sueldo y van a sentarse a descansar. Cuando regresan a pedir trabajo, ya no son contratados.(64)

Al igual que en Curazao, donde existía una ley que prohibía la salida de menores de edad sin autorización de los padres, en Cuba había una ley que obligaba a que los jóvenes emigrantes menores de 16 años fueran acompañados por un mayor, su padre, su abuelo u otra persona. Ya vimos que en Curazao no le hicieron mucho caso a esta ley y, por otro lado, también tuve la oportunidad de conversar, durante mi investigación, con emigrantes que fueron a Cuba de 14 años acompañados por sus padres. Según la ley, allá se les prohibía trabajar y sin embargo lo hicieron.

El remitente de la carta anterior advierte tanto a los padres como al gobierno y dice:

Los padres que permiten que sus hijos menores de edad vayan a Cuba, están vendiéndolos por 10 dólares, y aquí ellos encuentran una vida pesada, un trabajo que no pueden cumplir por falta de fuerzas. No dejen que los jóvenes se queden en Cuba; para ellos es mejor aquí que allá. ¿El gobierno no puede impedir su salida de Curazao?(65)

La segunda carta de la central Delicias, fechada el 3 de junio de 1919, proporciona otro enfoque de la estadía de los curazoleños en Cuba; hace referencia a la carestía de la vida en Cuba:

Hace más de dos años que estoy en Cuba, he ganado buena plata pero también he tenido que hacer gastos terribles, tanto que no me han quedado más de 20 dólares. Esto es todo lo que me ha sobrado después de trabajar duro durante dos años. Es por eso que deseo hacer el bien despertando a todos los hijos de Curazao, diciéndoles que al venir a Cuba se gana bien pero también se gasta bastante. Todo es carísimo aquí: para comprar ropa de trabajo debes pagar $2.80, por alpargatas, $5.00, en comida todos los días hay que gastar $0.70, por lavar tu ropa debes pagar todas las semanas un dineral.(66)

Además, en la carta encontramos una descripción de la sociedad cubana vista a través de los ojos de un emigrante. Los puntos mencionados por este curazoleño aparecieron también después en otras entrevistas:

En Cuba no vives así de tranquilo como en nuestro dulce Curazao. Aquí a toda hora escuchas que hay huelgas, accidentes de automóvil, peleas con la policía, hay muchos ladrones y matanzas. La superstición y las cosas de brujería son muy comunes, hasta utilizan el corazón de los niños para descubrir cosas misteriosas. Cuba libre es Cubita Bella. La capital de la isla más hermosa tiene catedral, soberbios palacios ricos y lujosos, pero también tiene muchos teatros y cines donde se representan las cosas más inmorales. Hacer un paseo por La Habana es una maravilla: parques bonitos con flores, árboles y fuentes que elevan el agua hasta el cielo. Aquí vive gente muy rica que muestra sus lujos y luce muchas ropas. Cuba es sumamente fértil y también tiene minas muy ricas, principalmente las de Ciego de Ávila. No hay comparación con nuestro dulce Curazao. Y sin embargo yo lo quiero mucho más que a Cuba la Bella. A nuestro alrededor no tenemos miedo de que la bala de un revólver nos mate. En Curazao puedes trabajar libremente al kunuku más lejano y puedes ir solo. ¡¿Pero quién se puede arriesgar así aquí en Cuba?! Los ladrones y los asesinos caminan por todos los sitios. Deseamos que en Curazao las cosas cambien un poco, entonces seguro que mucha gente regresa de Cuba. Pero por ahora tenemos que quedarnos en Cuba debido a que en Curazao no hay vida. No hay trabajo.(67)

Estas cartas expresan la decepción de los emigrantes; los hombres vieron que no podían cumplir con la meta perseguida al emigrar. Las cartas, por tanto, ofrecen un panorama de las vivencias de estos curazoleños en Cuba.  

¿De Dónde Vienen? ¡De Cuba!:(68) El Regreso a Curazao o La Permenencia en Cuba

El regreso de los emigrantes a Curazao desde Cuba puede dividirse en dos fases. La primera tiene lugar durante el tiempo de bonanza en Cuba, cuando los curazoleños que salieron a trabajar por algunos meses regresaron a nuestra isla después de la cosecha de caña, para ir nuevamente a Cuba, y la segunda fase tuvo lugar cuando la época próspera de Cuba estaba concluyendo. A principios de la emigración, los obreros regresaron a su tierra con mucho dinero. Fueron pagados con dólares, por ser el dólar el medio legal de pago a partir de la declaración de Estados Unidos del 24 de diciembre de 1898.

En Curazao se llamó popularmente a los dólares greenback y a las monedas se les denominó moretones. Un hecho que captó la atención de los otros habitantes de nuestra isla fue que durante el auge de la emigración, cuando los emigrantes volvían, traían greenbacks. Estos emigrantes eran respetados por ello, ya que a veces ostentaban su riqueza mediante los dólares. Algunos llegaron a hacer alarde de su dinero poniendo un dólar en el bolsillo de su camisa de tal modo que pareciera un pañuelo, o limpiaban el sudor de su cara con un billete de un dólar. Además, hablaban el papiamento mezclándolo con el español, fumaban tabaco y bromeaban todo el tiempo sobre la vida en Cuba. Los domingos, cuando iban a la iglesia, vestían acorde al oro que poseían: un sombrero fino de cabana en la cabeza y el traje según la última moda, además de sus zapatos de dos tonos, blanco y negro. En las fiestas, bailaban los últimos pasos de la música cubana. Estos curazoleños fueron llamados con mucho respeto cubanos, ya que la mayoría de la gente en nuestra isla consideraba que habían logrado algo en Cuba. Esta influencia hizo que un grupo grande de jóvenes, que todavía no había ido a Cuba, se decidiera también a emigrar.

Los emigrantes que regresaron en este periodo influyeron en el mercado laboral interno. En 1919 se produjeron diferentes huelgas, por ejemplo en el sector de obras públicas, donde los obreros que no se encontraban satisfechos con su salario demandaron una mayor remuneración.69 Gran parte de ellos salió a Cuba, cuando el salario era mucho mayor que el de Curazao. Este hecho fue confirmado en las entrevistas que los maestros de distrito realizaron en 1919 a algunos de los emigrantes que acababan de regresar de Cuba. Ellos admitieron que se quedarían en Curazao solamente si ganaban dos florines y cincuenta centavos por día; en caso contrario regresarían a Cuba.(70)

Cuando La Economía de Cuba empezó a Decaer

En 1919 la producción de azúcar llegó a su máximo nivel. El año 1920 fue llamado año de la Danza de los millones, pero, lamentablemente, la economía azucarera de Cuba cayó por el descenso de los precios del azúcar. De febrero a junio el precio del azúcar subió por día. El 18 de febrero era de 9 1/8 centavos de dólar la libra; para el 12 de mayo alcanzó los 22.5 centavos. Sin embargo, este periodo de bonanza del azúcar duró poco tiempo y en junio del mismo año el precio comenzó a bajar hasta llegar a 3.75 en diciembre (Thomas, 1971, 53). El gobierno cubano decretó el 10 de octubre 1920, un año de moratoria bancaria que duraría hasta el 3 de enero de 1921. Solamente las empresas americanas con suficiente capital pudieron sobrevivir. Los bancos confiscaron muchas propiedades de empresas cubanas que se declararon en quiebra y, así, la economía cubana pasó a depender de instituciones financieras norteamericanas. En 1921, numerosas propiedades cubanas fueron traspasadas a manos norteamericanas. La economía del azúcar de Cuba dependía de un solo mercado y éste quedó bajo las imposiciones de la economía norteamericana. El mercado azucarero fue asumido por los países europeos, productores tradicionales de azúcar. El empobrecimiento en la población cubana se hizo notar de inmediato. Fue justamente en 1920 cuando Cuba tuvo la mayor cantidad de emigrantes: 174 000 personas (Moreno Fraginals, 1983, 10l).

En los relatos del encargado de los distritos 4 y 5 vemos que todavía en los meses de agosto y septiembre de 1920 la gente quería salir a Cuba, animada por los hombres que regresaron a Curazao y que después salieron de nuevo a Cuba. Entonces, los hombres no habían comprendido bien la crisis en Cuba.

Ya en abril de 1921, el jefe del distrito de los campos escribió en su relato que los obreros estaban regresando de Cuba, ya que allá la situación empeoraba y que, de todos modos, no había trabajo en Curazao.71 Sólo el 8 de septiembre de 1921, el gobierno colonial reportó que la situación en Cuba estaba cambiando y los hombres se volvieron sin dinero y muy desamparados (Paula, 1973, 44). Los hombres entrevistados contaron que fueron pagados con vales que sólo se podían usar en las colonias donde trabajaban, lo que acentuaba la dependencia de los colonos. Algunos habían trabajado y no habían recibido ni siquiera pago por ello.

Las peticiones para que los emigrantes dejaran Cuba se hicieron más y más. La protesta para que el gobierno colonial holandés prestara su ayuda fue el tema de una carta abierta y escrita en holandés, publicada en el periódico Amigoe de Curazao, el 8 de octubre de 1921. Esta carta estaba dirigida al gobernador de Curazao y provenía de la central Delicias. La misiva mencionaba el hecho de que, al no haber trabajo, algunos de los emigrantes holandeses no tenían dinero para pagar su regreso, además, por la falta de alimentación y vivienda, la mayoría se encontraban enfermos y débiles. Los que disponían de 20 dólares tenían que ofrecerlos al capitán del barco, quien no quería transportarlos por 10 dólares.72 La desesperación que deja entrever esta comunicación es un signo de la situación en que se encontraban todos los emigrantes trabajadores en Cuba, incluyendo a los holandeses.

En 1926, la cantidad de curazoleños que regresó aumentó. Cada dos meses uno podía leer en los periódicos que había llegado gente de Cuba; a veces hombres, mujeres y niños.

Para el regreso a Curazao el transporte era un problema grave. Ya durante el tiempo de bonanza de Cuba, volver se convirtió en un problema, porque no siempre se cumplía con lo estipulado al respecto en los contratos.

La economía cubana enfrentaba crecientes dificultades y el problema del transporte se agudizó. Hubo una discusión sobre quién debía ser responsable del regreso de los emigrantes. No estaba claro si debía ser el gobierno holandés o las compañías azucareras en Cuba, que se habían comprometido con el regreso. El gobierno colonial de Holanda estaba dispuesto a ayudar a los obreros sólo si no había colaboración por parte de la compañía o de las autoridades cubanas para la repatriación (Paula, 1973, 54). Esto fue garantizado por la ley en Cuba, mediante el decreto número 1158 del 17 de junio de 1921, en que el gobierno cubano se comprometía a reembarcar a los emigrantes desde los puertos de Santiago de Cuba, Manzanillo, Guantánamo, Antilla, Nuevitas y Puerto Padre (Zanetti y García, 1976, 216).

Irónicamente, el decreto núm. 1404, del 20 de junio del mismo año, exoneró a las empresas de su obligación de repatriar a los emigrantes; el Estado correría con los gastos. Entonces, forzaron a los haitianos y jamaicanos a abandonar el trabajo y sus pertenencias y los que se resistieron corrieron el riesgo de ser asesinados.(73)

Según Paula, de nuevo aquí hicieron negocio con el dolor de la gente. El gran número de peticiones para transportar a los trabajadores desde Cuba provenía principalmente de comerciantes y dueños de barcos. La compensación que recibían del gobierno era más conveniente que el pago que hacían los propios trabajadores. Del gobierno podían esperar una suma fija, aunque transportaran menos pasajeros y además era factible cobrar al gobierno una suma más alta por cada pasajero (Paula, 1973, 45).

En 1925, cuando las noticias de que la situación de los curazoleños era muy alarmante llegaron al país, el gobierno prestó más atención a los emigrantes en Cuba.74 Sin embargo, esta atención fue breve ya que, en 1930, el administrador en Finanzas argumentó que, cuando los hombres salieron a Cuba no habían pedido la ayuda del gobierno, por lo que no se debía pagar su regreso con dinero de la hacienda pública.75 En 1925, la compañía Isla, en Curazao, necesitaba trabajadores (Paula, 1973, 46), y estaba dispuesta a buscar a quienes se habían ido a Cuba y garantizarles trabajo, por lo menos durante seis meses, si resultaba bien. En julio de este año, el gobierno mandó un oficial a Cuba para arreglar la repatriación de los hombres de la colonia holandesa (Paula, 1973, 58). Sin embargo, el entusiasmo por parte de los curazoleños para regresar a su isla no era siempre grande, a pesar de los esfuerzos que estaba haciendo el gobierno. Esto fue criticado en La Unión el 10 de septiembre de 1925:

Hace algunos meses, se propagó aquí la noticia sobre la triste situación de los curazoleños en Cuba. Un día, la tierra prometida a la que fueron muchos de nuestros hombres, que por falta de trabajo tenían que pasar aquí miseria, cambió por completo, de modo que nuestros hijos apenas ganaban para comer y poder vivir. Cada vez llegan cartas desde Cuba, en las que nuestros hijos dicen con llanto cuánto gusto tendrían en volver a su tierra y estar con su familia. El gobierno ha sentido en su corazón este problema y ha estudiado la manera de poder volverlos a traer de regreso. Ha enviado al señor Lindoro Kwartsz, un hombre competente, apreciado y respetado por todos, para que arregle este asunto. Él se fue abrigando la firme esperanza de que todos desearían volver, y también con la esperanza de que pronto enviaría noticias. Todo está arreglado, los trabajadores están listos para ser repatriados, se envía un barco para que los recoja, y ¿qué ha resultado? Según las noticias recibidas de parte del señor Kwartsz, de mil y tantos trabajadores holandeses en Cuba, solamente veinte y cinco han venido a inscribir su nombre para volver. Veinte y cinco, y nadie más. ¿No es eso acaso una cosa bastante triste? ¿Es tan poco el amor que tienen para su tierra? ¿Es tan poco el amor que sienten por sus familias, que después de tantos años de separación, y cuando el mismo gobierno les quiere traer de regreso, ellos prefieren seguir viviendo su vida de libertad allá? En realidad, es muy triste el sentimiento de esos trabajadores que aprecian tan poco lo que el gobierno quiere hacer por ellos, después que se han quejado tanto diciendo que el gobierno no hace nada por ellos. Gracias a Dios que ha venido otra noticia mejor. Después que el señor Kwartsz habló con los trabajadores holandeses, en diferentes partes de Cuba, logró encontrar a unos doscientos y tantos que desean volver a su patria. Ya el barco "Ave María" salió de Aruba para ir a buscarlos, de tal manera que esperamos que dentro de dos a tres semanas esté aquí con unos doscientos trabajadores.(76)

Los hombres que se quedaron en Cuba por largo tiempo tuvieron diferentes motivos para hacerlo, y así lo manifestaron. El "orgullo" de no aceptar limosna del gobierno fue también mencionado como un factor para tal decisión.

Así, Pedro se quedó en Cuba hasta la década de 1950 y nos contó las causas:

Era el año 1938 y vinieron a buscarme para ver si quería regresar, en ese entonces yo estaba en Gayorca, pero les dije: "Yo no puedo ir porque no tengo ni siquiera trabajo". Me dijeron que ya no iban a mandar más barcos, pero no podía hacer nada, porque yo no podía ir, ya que no tenía nada y no ganaba nada. Yo no podía regresar para ser una carga para mi familia y depender de ellos. Me quedé mucho tiempo así.(77)

Pedro hizo su propio esfuerzo; trabajó y, finalmente, regresó a Curazao en 1959.

Tokaay tampoco quería regresar a Curazao. Decía que en Cuba, a pesar de todo, se sentía bien, aunque era una persona de color. Al acercarnos a la situación de los negros en Cuba y, al escuchar sus relatos, podemos considerar que la experiencia vivida por Tokaay es una crítica severa a la discriminación racial y económica que, muchas veces de manera ilógica, se vive en Curazao:

Cuando te hallas en Cuba, casi no tienes ganas de volver. En Cuba te tratan bien. Puedes hablar bien con la gente. No hay menosprecio. Allá no tienen en cuenta que la gente es de color. Puedes ser negro como el carbón pero no les importa y te tratan bien. Aquí en Curazao, si no tienes dinero te hacen a un lado. Allá todos son lo mismo. Así era cuando yo estaba allá y yo mismo no tenía ganas de regresar. Un hermano con el que fui allá, escuchó que un barco estaba llevando a doscientas cincuenta personas y no podía cargar más; los demás debían esperar por otro barco. Para que yo pudiera regresar mi hermano mintió diciendo que mi ropa estaba en su maleta y así vinimos doscientos cincuenta y uno. Regresé solamente por eso, si no me hubiera quedado porque Cuba está bien. Hay muchos curazoleños que dicen que no quieren pensar en volver aquí.(78)

Sin embargo, los que querían regresar no podían hacer uso de la repatriación o no habían ahorrado lo suficiente para volver a Curazao, cuando la situación en Cuba empezó a cambiar. Junto con otros miles de jamaicanos y haitianos, muchos holandeses se quedaron atrapados en Cuba bajo condiciones económicas desfavorables.  

Situación de los Emigrantes Curazoleños que Regresaron despues de la Crisis en Cuba

Los emigrantes que regresaron a Curazao después de la crisis cubana fueron recibidos de forma diferente a los que regresaron durante la época de bonanza de Cuba. De los primeros, había la percepción de que habían fracasado, se bromeaba diciendo que, cuando salían a Cuba y les preguntaron a dónde iban, contestaron con mucho entusiasmo: ¡A Cuba!!!, pero cuando regresaron y les preguntaron de dónde habían regresado, respondieron con voz deprimida: de Cuba.

¿Cuáles fueron las posibilidades laborales en Curazao para los hombres después de su regreso? El periódico La Cruz, en su edición del 24 de septiembre de 1919, hizo esta misma pregunta, bajo el título: "¿Cuando nuestra gente vuelva de Cuba?" (Ora nos hendenan lo bolbe foi Cuba?). La primera parte del artículo no solamente da una respuesta, sino que explica también por qué se hacen esas preguntas:

Cuando el contrato de un año termine, muchos curazoleños y arubanos volverán a su tierra. ¿Para quedarse? Depende de las circunstancias. Los jóvenes que fueron buscando una libertad para vivir, una buena vida, no volverán rápido. Bueno, dejémoslos. Pero, también hay jóvenes que fueron por pura necesidad, contra su gusto; únicamente porque no hay trabajo para ellos aquí. Ellos ganaban aquí dos, tres plaka y ahora pueden cumplir con su sueño de hace muchos años de poder irse de casa. Pero los jóvenes que son parte de un kunuku, no se irán de casa si no pueden encontrar allá un pedazo de tierra para construir su casa. Los que han sido criados como kunukeros están acostumbrados a esa forma de vivir, y su señora también es de ese lugar, y siempre las dos familias viven en el mismo sitio. Los kunukeros quieren un pedazo de tierra y, si no pueden hallarlo, volverán a irse a Cuba. Los jóvenes que están por casarse, y de ellos hay una cantidad que fueron a Cuba, no se quebrarán la cabeza pensando el asunto del trabajo. Lo dejan para después. Pero, cuando vuelvan de Cuba con sus manos llenas de plata, la primera cosa que pedirán es un pedazo de tierra para poder casarse...

Este artículo fue escrito en uno de los mejores años de la economía cubana. Nadie hubiera pensado que, en la segunda mitad del año siguiente, esa economía se tambalearía. Cuando los emigrantes de Curazao regresaron de Cuba los dueños de los terrenos, principalmente en el campo, seguían siendo poderosos.

Las ideas sobre el sindicalismo, escuchadas en tierras cubanas por parte de los emigrantes curazoleños, influyeron positivamente cuando regresaron a trabajar en nuestra isla, a pesar de que los jefes no lo consideraron así. Los obreros regresados de Cuba fueron llamados también impertinentes.

No todos los curazoleños regresaron a Curazao; algunos se quedaron y nunca más volvieron. No sabemos qué porcentaje representan de los que emigraron: muchos se casaron con cubanas y formaron su familia allá. Otros tantos siguieron en la industria azucarera. Después, en 1970, recibieron su jubilación del gobierno cubano y se dedicaron a la agricultura. Andrés Le Croes nació en 1900 y fue a Cuba en 1919. Regresó a Curazao después de 73 años.

La Dinámica Cubana-Curazoleña Consecuencia de la Emigración

Este trabajo procura demostrar la forma en que los curazoleños emigraron a Cuba a principios de siglo XX, así como las condiciones en que vivieron allá. Se trata de ampliar la información que sobre esta emigración ya se encuentra escrita en documentos de ese tiempo, como lo constituyen los relatos del gobierno y los artículos periodísticos. Para lograrlo, nuestra intención ha sido dedicar mayor atención a la palabra de los mismos emigrantes que narran sus propias experiencias. Los documentos citados anteriormente han sido utilizados como una guía al presentar las narraciones de los emigrantes. Dichas narraciones ayudan a su vez a ampliar los datos descritos en los documentos y nos permiten aclarar muchos prejuicios formados acerca de la emigración que protagonizaron nuestros hermanos curazoleños en esa época y a esta isla caribeña.

El éxodo a Cuba, como todas las demás emigraciones a lo largo de la historia, significó para la clase trabajadora una extensión de su territorio geográfico donde moverse y encontrar trabajo. La capacidad de trasladarse de un lugar a otro fue para muchos, cuyos antepasados habían conocido la esclavitud, una situación alentadora. Sin embargo, a pesar de que los curazoleños, al igual que los otros emigrantes del Caribe, se valieron de la emigración como una estrategia de sobrevivencia en tiempos de pobreza, el caso específico respecto a Cuba es un tanto diferente. Lo que hace llamativa la emigración de Curazao a Cuba a principios de este siglo es el hecho de que casi el 50 por ciento de la fuerza laboral de esa época, participó en dicha salida. Mucha gente joven y también algunas mujeres partieron a territorio cubano.

Decimos que este hecho es llamativo porque en épocas anteriores los curazoleños no habían emigrado en esas cantidades. ¿Por qué en esa ocasión sucedió así? Aparte de la agresiva propaganda por parte de Cuba, una posible explicación del respons masal curazoleño es que el siglo XX estaba iniciándose y la gente empezaba a acostumbrarse a una economía de dinero, que consistía en recibir dinero como medio de pago por los bienes y servicios prestados. Observamos que en esta época más y más gente se traslada a la ciudad a trabajar, donde le es posible obtener dinero como retribución a su trabajo. Ya existía descontento con otros sistemas de trabajo (como por ejemplo el de "pagar la tierra") rechazándose no sólo la situación de dependencia que se creaba hacia el dueño de la tierra, sino también la imposibilidad de percibir efectivo por prestar los servicios. Cuba ofrecía una alternativa para ganar dinero que podía ser utilizado en beneficio propio. No debemos olvidar que los tiempos de la esclavitud apenas habían terminado 54 años antes y una de sus características radicaba precisamente en que los servicios prestados no eran retribuidos con dinero.

La necesidad creciente de participar en la economía de dinero se manifiesta en las razones de la emigración que expresaron los propios entrevistados. Sus motivos fueron también reconocidos por los dueños de trabajo, aunque éstos fomentaron la idea de que los hombres que emigraban lo hacían sin marcarse meta alguna y que se sentían atraídos solamente por la cantidad de dinero que ganarían en Cuba. Este razonamiento fue utilizado por los patrones, porque veían con mucha preocupación que gran parte de la fuerza laboral que podría emplearse en sus sitios de trabajo salía a hacerlo en otro. Para ellos la consecuencia de la emigración era no solamente que la mano de obra quedaba reducida en Curazao, sino que quienes permanecían aquí presionaban para exigir cada vez mayores salarios.

Ciertos emigrantes iban con la intención de permanecer un corto tiempo en Cuba y obtener un poco de dinero para cubrir algunas necesidades familiares como, por ejemplo, ayudar económicamente a su mamá u otros miembros de sus familias o cubrir los gastos que conllevaban diversos acontecimientos familiares como la primera comunión de un pariente, etcétera. Otros emigrantes salían a Cuba con la intención de permanecer allí un tiempo más largo, que les facilitara reunir lo suficiente para comprar un terreno donde construir su casa y luego casarse. En esa época, para que un hombre contrajera matrimonio era necesario que ya tuviera su casa construida. Las metas que se trazaban unos y otros eran diferentes y era lo que les animaba a partir.

Algunos curazoleños habían propuesto hasta la duración de su estadía en Cuba. Querían ir a trabajar sólo mientras durara el tiempo de zafra de la caña. Cuando llegara el "tiempo muerto" pretendían regresar a Curazao con el dinero ahorrado para destinarlo al fin previamente establecido. Lo que sí es verdad es que el tiempo que en cada caso les llevó cumplir su cometido fue diferente y no siempre el propuesto. Hubo quienes lograron sus metas durante el tiempo de bonanza de Cuba (que duró entre los años 1918 y 1920). Quienes tuvieron éxito regresaron en esta época e incluso fueron nuevamente en el siguiente tiempo de zafra. En otras ocasiones, a pesar de haberse fijado un tiempo límite, no lo consiguieron y se quedaron trabajando en otras actividades en Cuba durante los "tiempos muertos". Para ciertos emigrantes, Cuba no era el destino final, sino que significaba una especie de trampolín para llegar a trabajar a otro sitio como Estados Unidos, que era considerado la cuna de los dólares.

Pero también se dio el caso de que incluso durante el tiempo de bonanza de Cuba, algunos curazoleños regresaran a Curazao sin dinero alguno. Según Pedro este fue el resultado de una vida sin cuidado porque: "Si trabajabas con cabeza, tú podías volver a Curazao con dinero". Sin embargo hubo curazoleños para quienes Cuba no les resultó una buena experiencia desde un principio. Lo dicho en los contratos no les fue cumplido, los gastos eran demasiado altos y no ganaban lo suficiente. Después del tiempo de bonanza era necesario hacer grandes esfuerzos para regresar con dinero.

La situación política y social que los emigrantes encontraron en Cuba tampoco fue fácil para ellos. Si alguno encontraba agradable la situación en Cuba, podemos deducir cuál era su situación en Curazao.

Había quienes ponían a sus familiares y al gobierno al tanto de lo que estaba ocurriendo en Cuba. La Iglesia católica jugó un papel importante en esto ya que, al tener conocimiento de la situación penosa en que se encontraban muchos curazoleños, a través de sus periódicos aconsejó qué hacer para solucionar esos problemas. Así, conjuntamente con las mujeres que quedaron en Curazao, lograron que el gobierno de ese entonces pusiera mayor atención a lo que estaba ocurriendo en la otra isla.

La sociedad curazoleña sintió los efectos de esta emigración, para analizarlos la hemos dividido en dos fases. La primera, durante la salida hacia Cuba en gran cantidad. En este periodo el efecto se sintió más bien en el sector laboral. Los sitios que ofrecían trabajo en nuestra isla eran Mijnmaatschappij y Shell, ambos lamentaban la escasez de trabajadores. Esta disminución de la mano de obra les llevó a mejorar los salarios, ya que Cuba era la alternativa inmediata para los curazoleños que no podían lograr un mejor ingreso en su tierra. Un hecho que demuestra esto son las diferentes amenazas de huelga que tomaron lugar en 1919 por parte de los trabajadores de obras públicas y de salud pública para pedir un aumento de sus remuneraciones, lo cual fue finalmente aceptado por los directores de ambos servicios para impedir que las personas salieran a Cuba. De esta manera, los trabajadores utilizaron la posibilidad de ir a trabajar a Cuba como un arma para ser escuchados por sus patronos. El punto de referencia para las exigencias de mayores salarios era que en Cuba podrían ganar más de lo que se les ofrecía en Curazao. Esto también ayudó a desarrollar poco a poco la conciencia de que un trabajador debía ser pagado con dinero por las labores realizadas.

Como resultado de los salarios percibidos al desempeñar los trabajos en Cuba, la situación económica de la comunidad curazoleña mejoró. Sin embargo, este efecto positivo tuvo corta duración ya que el envío de dinero por parte de los emigrantes hacia sus familias resultaba un tanto irregular.

En el terreno social, la emigración a Cuba influyó sobre la fertilidad. El número de nacimientos registrados en los años 1918, 1919 y 1920 fue menor al de los años anteriores. En 1921 cuando el éxodo a Cuba disminuyó, la cantidad de nacimientos en Curazao subió. Al quedar en Curazao más mujeres que hombres, ellas tuvieron que tomar a su cargo algunas responsabilidades que anteriormente habían estado en manos de los varones. Las repercusiones con respecto a los ancianos han sido poco estudiadas, pero podemos decir que también sintieron las consecuencias de que sus hijas mujeres tuvieran que sacar adelante el hogar, muchas veces sin contar con la ayuda financiera de sus compañeros.

El carácter de los curazoleños también cambió como secuela de esta emigración. Los patronos de los trabajos tuvieron muchas veces problemas con los que habían regresado de Cuba. Les llamaban "atrevidos", debido a que la imagen del empleado curazoleño que se mantenía sumiso y humilde sin reclamar muchas veces sus derechos había cambiado. Los entrevistados reconocieron que en Cuba su carácter se tornó más rebelde. Rebeldía que se manifestó más tarde en su vida personal y en su trabajo. Algunos de ellos tomaron parte en algunas huelgas en Cuba con la finalidad de obtener mejor pago. Quienes regresaron después de 1939 luego de ser miembros de sindicatos en Cuba aprendieron a unir esfuerzos para obtener mayores logros. Hubo otras modificaciones en el comportamiento social de los curazoleños, como por ejemplo el que se manifestaba en quienes habían regresado y, al pretender casarse, acudían a pedir personalmente la mano de su futura esposa a los padres de ésta; anteriormente, en la sociedad curazoleña esta labor estaba encomendada a los padres del novio.

Se sentían orgullosos de haber estado en Cuba. Muchas veces se les llamaba "cubanos". En las entrevistas pudimos apreciar que muchos de ellos pretendían demostrar que habían aprendido a hablar español y nos contaban sus experiencias con mucha vehemencia y realismo.

La otra fase referente a las consecuencias de la emigración a Cuba tiene que ver con el periodo posterior al tiempo de bonanza de Cuba. En esta época, por lo general, los curazoleños se vieron forzados a permanecer un prolongado lapso en Cuba y por esta misma razón adquirieron una serie de conocimientos que utilizaron al regresar a su tierra. Estos conocimientos se refieren en unos casos a la medicina tradicional que aprendieron a poner en práctica, ya que en muchas ocasiones no tuvieron otro tipo de atención médica a pesar de lo establecido en el contrato de trabajo. Algunos profundizaron en sus conocimientos sobre la medicina natural y lo continuaron haciendo en Curazao.

También algunas hijas de curazoleños que fueron a trabajar en Cuba o que nacieron allí regresaron como modistas y cosían los últimos modelos de ropa.

Asimismo, vale la pena mencionar al gran pintor primitivista, Enrique Olario. Con José Capricorne (entonces al frente de la Academia de Arte) entrevisté a su familia, porque no tuvimos la suerte de encontrarlo con vida (falleció en la década de los sesenta). Olario había ido a Cuba en 1919 y permaneció 50 años allá. Regresó con 78 años a su tierra natal. De sus 50 años en Cuba, vivió los últimos 30 años en La Habana. Antes de salir a Cuba ayudaba a su papá en el trabajo de albañilería y ambos construyeron casas en el barrio lujoso de esa época llamado Scharloo (Punda). Aparentemente, en Cuba trabajó como albañil para la Central Chaparra donde construyeron un gran almacén para guardar azúcar. Ya en Curazao empezó a pintar, pero en Cuba perfeccionó sus conocimientos y práctica de pintor. De esta manera podemos decir que la emigración a Cuba contribuyó al desarrollo cultural de la isla.

El efecto más representativo fue la influencia en la vida musical de la isla. Los emigrantes aprendieron a tocar instrumentos musicales y pusieron en práctica su aprendizaje al regresar a nuestra isla. En la década de 1930 se habían constituido más o menos 30 conjuntos musicales en la isla, mismos que tocaban música cubana con instrumentos conocidos en Cuba como la marímbula, el tres y el bongó. En los años cuarenta el número subió a 50 y en la década de siguiente había en total unos 60 conjuntos. En estos tiempos, Cuba llegaba con sus emisoras radiales a Curazao y a otros países del Caribe. Muchas personas en Curazao recuerdan que en los años cincuenta escuchaban desde Cuba la Radio Progreso y la Radio Salas para disfrutar de música cubana. Después de las décadas de los años sesenta y setenta, la cantidad de conjuntos musicales en Curazao, disminuyó. La música cubana ha tenido una renovación en los ochenta, ya que la generación de esos años cincuenta ha revivido sus canciones y las toca durante las fiestas llamadas come-back. La música cubana también se denominaba con el nombre de "música come-back". Estas canciones tenían como protagonistas a músicos y cantantes cubanos antiguos, entre ellos Arsenio. La atención a Cuba en ese tiempo se manifestaba también en los programas radiales en que se dedicaba muchos espacios a la música cubana.

En este momento existe un interés especial hacia Cuba no sólo en el campo musical. Hay un intercambio en muchos otros aspectos, tales como el servicio del astillero por parte de Curazao. También en nuestra isla se utilizan los conocimientos provenientes de Cuba en otros ámbitos como el deportivo, el de la enseñanza y el de la medicina.

Lo que podemos apreciar es que hay gran atención por parte de las familias de Curazao hacia las familias de Cuba y viceversa. Las familias de los hombres que fueron a Cuba en la época de que trata esta emigración y que no regresaron a Curazao desean saber sobre sus posibles descendientes. Este mismo interés podemos apreciarlo en Cuba. En ambos sitios las personas se atreven de cualquier manera a buscar a sus familiares. Ese esfuerzo cobró mayor vigor cuando se creó la Asociación Holandesa de Cuba, que tiene como meta acercar a los familiares de uno y otro sitio y hacer conocer el otro país. Recientemente el presidente de esta asociación, en cooperación con la fundación "Africari Foundation" organizó una presentación en Curazao en la que brindó la oportunidad de inscribirse para buscar a un miembro de la familia en Cuba. Muchos acudieron a hacerlo. Otro ejemplo de la búsqueda de familias fue por parte de la radioemisora curazoleña Z-86 que dedicó dos emisiones de su programa "Barrio a barrio" para que las familias cubanas pudieran comunicarse directamente con sus familiares en Curazao.

Podemos por tanto apreciar la manera en que se han originado nuevos lazos familiares como consecuencia de una emigración que se dio en el pasado y que debe ser tenida en consideración en la lucha por la unión entre los pueblos del Caribe.
 

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This article was published in Revista Mexicana del Caribe, Año V, Número 9 (2000), pages 40-103. It is published on CaribSeek with the permission of the editors of Revista Mexicana del Caribe and the author Ms. Rose Mary Allen.

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Web Published:  May 2, 2002

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